“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“Copa de oro fue Babilonia
en la mano de YaHWéH,
que embriagó a toda la tierra;
de su vino bebieron los pueblos;
se aturdieron, por tanto, las naciones”.
(Jeremías  51:7)


La Palabra profética se refiere muchas veces a una ciudad de Babilonia literal e histórica que estuvo situada en la baja Mesopotamia a orillas del Éufrates. Pero en la profecía de los días finales aparece una “Gran Babilonia” o “Misterio Babilonia” cuyo significado ha sido muy discutido desde Lutero -por lo menos- hasta nuestros días.


Su identidad es un misterio para los días finales, pero también incorpora un “tipo” de misterio que recorre la historia. Se describe a la “Gran Babilonia” como una “gran Ramera” (Apocalipsis 17:1-5). Y esta es una entidad muy diferente a la Babilonia de ladrillos y lujosos revestimientos cerámicos, que fue el orgullo de los caldeos – y de Nabucodonosor -.  La “Gran Babilonia” de la profecía final es una gran potencia comercial “sentada sobre muchas aguas”, pero sobretodo se le caracteriza como “teniendo un cáliz de oro en su mano lleno de abominaciones y de la suciedad de su fornicación” (Apocalipsis 17:4) con el cual envenena a todos los pueblos de la tierra. Ella también -esto es, el misterio de iniquidad que recorre la historia y que ella ha incorporado- es la causa de la muerte de los santos de todos los tiempos.

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Si prestamos atención, la palabra “California” puede ser separada y leída como: “cálice de fornicación” y sin duda el misterio de blasfemia y abominación característico de la “gran Ramera” se aplica muy bien a ella.


Allí que está la industria de Hollywood que promueve con muchas seducciones la desconstrucción de la moral judeocristiana y los sueños vacíos de su “industria del entretenimiento”. Y allí se encuentran las principales usinas de la industria de la pornografía y la Meca de la “cultura gay”. Y la cultura enfermiza de las “estrellas”, antimodelos a escala global del hedonismo, la banalidad y el erotismo mas grosero (Amos 4:6-7). Y muchas otras cosas que se han convertido en el sustento imprescindible de la “aldea global”.

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La Palabra profética afirma que la “gran Ramera” planetaria será finalmente destrozada por aquellos a los que sedujo. No sé exactamente cuales pueden ser las coyunturas desencadenantes, posiblemente será una combinación de eventos correlacionados, pero pronto veremos (y más me gustaría no ver) el vilipendio mundial en contra la gran nación americana acompañado por desastres naturales portentosos. Dice Apocalipsis 18:21-22:


“Y un ángel poderoso tomó una piedra,
como una gran piedra de molino,
y la arrojó en el mar, diciendo:
Con el mismo ímpetu será derribada
la gran ciudad (la “aldea global”),
y nunca mas será hallada”


Entonces vendrán días peligrosos como nunca los hubo antes. El Estado de Israel – huérfano ya del apoyo de los EE.UU. – será estigmatizado como el origen de todos los males del  mundo y se programará una marcha asesina sobre su territorio y sobre la ciudad de Jerusalem con apoyo de muchas naciones.


El clima enloquecerá completamente, habrá señales terroríficas en los cielos y la tierra temblará como un borracho. Serán los días de la “angustia de Jacob”, de la persecución mortal en todas las naciones a los cristianos, el remanente salvo, la manada pequeña”, los “escogidos y fieles”, “los que tienen el testimonio de Jesucristo”.  Pero la salvación estará a las puertas, y también el Reino.


La “gran Ramera” dice: “Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto”. Y ofrece el “furor de su fornicación” a las naciones que se envuelvan en sus deleites. ¿No esta ella vestida de tejidos valiosos y rodeada de oro y riquezas?. Pero “en un solo día vendrán sus plagas” (Apocalipsis 18:7-8), como sucedió con la Tiro histórica –otro tipo de la “gran Ramera”- que fue dejada como una peña desolada sin que para nada le sirvieran las riquezas de su comercio.  De ahí que la orden de marcha para estos días sea:


“Salid de ella, pueblo mío,
para que no seáis partícipes de sus pecados,
ni recibáis parte de sus plagas”


Los cristianos no pertenecemos a esta “aldea global” preñada de seducciones. Pertenecemos al beatifico Reino venidero que el Padre ha preparado para nosotros, estamos camino a Sión.

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(escrito en 2005)

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