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“Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén
y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente… “Pues yo os digo que
a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”
Lucas 19, 11, 26


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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-> los dos extremos del Plan de Redención


En Isaías 51:2 se nos invita a mirar hacia el origen de la ejecución del Plan de Dios/Elohim –YaHWéH- para redención de las naciones. Y se dice:


“Mirad a Abraham, vuestro padre,
y a Sara, que os dio a luz;
porque cuando no era más que uno solo,
lo llamé, lo bendije y lo multipliqué”.


Allí comenzó todo: YaHWéH eligió a una persona: Abraham, “lo llamó, lo bendijo, y lo multiplicó” para obtener así una descendencia bendita en medio de un mundo rebelde y endurecido (que ya había sido juzgado por el Diluvio del que se habían salvado solo ocho personas que había dado un nuevo comienzo a la humanidad). Esta vez –con la elección de Abraham al que veremos que bendeciría con una descendencia prodigiosa- YaHWéH intervendría directamente en la historia como Guía de un plan de Redención que abarcaría milenios comenzando con Abraham y Sara. En Génesis 22:18 leemos la Promesa que originó ese increíblemente maravilloso Plan que solo podemos percibir en sus grandes líneas:


“En tu simiente serán benditas
todas las naciones de la tierra,
por cuanto obedeciste a mi voz”.


Habría entonces una descendencia de Abraham mediante la cual ejecutaría Su Propósito. Y esta bendición/redención a la toda la raza humana se fundamentaría en un acto de fe heroica de Abraham en el monte Moriá:


“…por cuanto has hecho esto
y no me has rehusado a tu hijo,
tu único hijo, de cierto te bendeciré
y multiplicaré tu descendencia
como las estrellas del cielo
y como la arena que está
a la orilla del mar…”
(ver. 16-17)


En donde el sacrificio de su largamente esperado y único hijo con Sara, Isaac, que había sido ordenado a Abraham como prueba de fe y obediencia suprema prefiguraba el sacrificio expiatorio del Hijo del Altísimo en la “plenitud de los tiempos”.  ¿Sabía Abraham cuando se dirigía hacia el monte Moriá con su hijo Isaac que de su obediencia extrema a esta extraña petición de YaHWéH que lo había guiado desde Ur de los caldeos hablándole de un Propósito eterno dependía la redención de las naciones?. Seguramente todo su ser estaba sumido en confusión en ese momento, nada parecía tener sentido.  Había esperado por este hijo “contra toda esperanza”. ¿Cómo podía YaHWéH pedírselo ahora en sacrificio? Pero Abraham también sabía, en medio de la confusión que lo abrumaba, que YaHWéH es infinitamente Justo y Misericordioso y que de algún modo todo tendría un sentido al final (Hebreos 11:19). ¡Y Abraham obedeció y se abrieron los cielos a favor de los hombres!


Porque fue del vientre infecundo de la ya anciana Sara hecho fértil por directa intervención del Altísimo que vino Isaac. Este fue la recompensa a una fe heroica que nos es difícil concebir. Y de este Isaac de milagro nacimiento vino el tercero de los patriarcas de la descendencia de Abraham: Jacob, mas tarde rebautizado Israel. Este fue el padre de doce hijos –patriarcas de doce tribus- de donde procede la inconmensurable descendencia de Abraham que se derramó inconteniblemente por todo el planeta “mezclándose” con todas las naciones de la tierra. Y en Gálatas 3:7 se dice que es precisamente de esa superabundante prole gestada/incubada en la inconmovible fe de Abraham que provenimos los creyentes:


“Sabed, por tanto,
que los que tienen fe,
estos son hijos de Abraham”


y también:


“si vosotros sois de Cristo,
ciertamente descendientes de Abraham sois,
y herederos según la promesa”.
(Gálatas 3:29)


Los creyentes somos entonces un “remanente” –un pequeño resto electo por la Gracia- tomado de esa infinita descendencia de Abraham -los ‘hijos de Israel’/'casa de Israel’- mezclada con todas las naciones de la tierra para el cumplimiento de Su Propósito (Romanos 9:27, 11:5) (nota 1).


Vayamos ahora al resultado final de este Plan de Redención que cruzó milenios. En el Salmo 47:9-10 tenemos esta impresionante declaración:


“Los príncipes de los pueblos se reunieron
como pueblo del Dios de Abraham,
porque de Dios son los escudos de la tierra.
¡Él es muy enaltecido!


Esta es la culminación del Propósito de YaHWéH, la consumación de Su Plan Redentor ya establecida definitivamente la primacía de la descendencia de Abraham en una nueva tierra bajo nuevos cielos.  Y leemos que en esos venturosos días los pueblos –todos los pueblos- se reunirán “como pueblo del Dios de Abraham”. Y todas las naciones obedecerán a YaHWéH, el Dios/Elohim de Abraham, que morará entre los hombres.  Y dice Romanos 4:18 explicando el Propósito cumplido en Abraham y su descendencia:


“Él creyó en esperanza contra esperanza,
para llegar a ser padre de muchas naciones,
conforme a lo que se le había dicho:
“Así será tu descendencia”.


Y así un remanente santo de la descendencia de aquel declarado “padre de la fe” habrá dado cumplimiento al Propósito de YaHWéH de adquirir una población fiel para su Reino eterno proveniente de todo pueblo, lengua, raza y nación. ¡Aleluya!


-> la simiente escondida en las naciones


Pero la grandiosa declaración del Salmo 47:9-10 precisa una explicación que nos recuerde sus marcos proféticos. Recordemos esa catarata de promesas que son la espina dorsal de la profecía mesiánica y que hablan de que Sara y Abraham serían los progenitores de “naciones” –en plural-:


A Abraham le fue dicho:


“Te multiplicaré en gran manera, y de ti saldrán naciones y reyes” (Génesis 17:6);


A  Sara:


… y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos nacerán de ella” (Génesis 17:16);


A Jacob cuando cambió su nombre para ISRAEL -”Dios Lucha”-:


“… una nación y un conjunto de naciones saldrán de ti, y reyes saldrán de tus entrañas” (Génesis 35:11);


Y también  a Jacob:


“…te multiplicaré, y te pondré por estirpe de naciones…” (Génesis 48:4).


Todas estas rotundas afirmaciones confirman sin lugar a dudas que la prole de Abraham, Isaac y Jacob –a través principalmente de José y sus hijos Efraín y Manases líderes de las diez tribus desterradas entre las naciones- engendraría reyes y naciones a escala planetaria. Recordemos además que la parte final de la promesa a Abraham -luego de su prueba extrema de obediencia a la que nos referimos- dice así:


“tu descendencia se adueñará
de las puertas de sus enemigos”
(Génesis 22:17)


lo que es confirmado en la bendición de Isaac a Jacob:


“Sírvante pueblos
y las naciones se inclinen delante de ti.”
(Génesis 27:29)


Todo esto quiere decir que las naciones generadas por la descendencia de Abraham dejarían una huella indeleble en la historia: serían protagonistas, no personajes secundarios. Para hacer una rápida comprobación de esta dispersión miremos a vuelo de pájaro todo el planeta recordando que la descendencia de Israel(Efraín) aparece siempre “mezclada” con otras etnias y se esconde detrás de diferentes nombres e idiosincrasias, lo que no es el caso de la descendencia de Judá que generalmente –no siempre- permanece separada de las naciones aun en el destierro y es por eso fácilmente discernible.


Veamos: en África negra hay varias poblaciones que afirman que descienden de Judá o Israel y hay estudios de ADN que autorizan esta tradición que es muy firme. En África del norte pueblos que han tenido influencia en la historia de occidente como el bere-bere parecen pertenecer a la “casa de Israel” dispersa. En Asia comprobamos que en China hay conglomerados que se dicen descendientes de Manasés,  en Japón muchas señales de su religión y cultura vinculan esa laboriosa y enérgica nación con la religión de Israel.  En India -al oeste y el noreste- hay poblaciones que afirman tener descendencia israelita incluyendo los ancestros de los “gitanos”. En Afganistán, los pasthun -la nobleza afgana- dice ser descendiente de Benjamín. Y estos son solo algunos picos que se levantan de la bruma de la historia, meros testigos de una realidad mayor.


Si pasamos al continente americano vemos que los indios de Norteamérica parecen repetir brumosamente ritos israelitas y en Mesoamérica nos encontramos con Quetzacoal, “dios” omnipresente en esas latitudes al que se le atribuye haberse sacrificado para con su muerte anular la necesidad de todo otro sacrificio -¿muerte expiatoria?-. Y si esta similitud con el sacrificio expiatorio del verdadero Hijo de Dios fuera poco, se dice que Quetzacoal tenía tez blanca y prometió que volvería. Explicar la extraña similitud de los mitos relacionados con  Quetzacoal y los dogmas básicos del cristianismo abre puertas a muchas y variadas consideraciones que exceden este rapidísimo comentario y se apartan de de su linea básica. Retornando a la descendencia de Abraham en las naciones tenemos lo principal: el núcleo de mayor influencia de la descendencia de Abraham esta en en Europa y las naciones que provienen de ella. Es allí en donde observamos el Pulso Firme del Guía de la historia en busca de Su Propósito que traspasa los siglos.

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Y es que todos los pueblos fundacionales de la hoy Europa, con escasas excepciones, son producto de diversas mezclas de pueblos jafeítas con los “hijos de Israel(Efraín)” en el destierro. En cumplimiento de lo escrito por el profeta de Oseas que hablando del castigo que le sobrevendría al “reino de Israel(Efraín)”  dice en Oseas 13:15


“… vendrá el solano,
viento de YaHWéH;
se levantará desde el desierto…”


Y este “viento solano” –que cumple órdenes de YaHWéH- era un azote seco que producía un efecto  angustiante, arruinaba los plantíos, y provenía desde el desierto de Arabia o Siria soplando sobre la antigua Samaria. Aqui podemos entender figurativamente que los “hijos de Israel (Efraín)” en el destierro irían hacia occidente aunque vimos que los “hijos de Israel(Efraín)” migraron hacia todas las latitudes del planeta. En otras partes de este sitio hablamos de esta migracion hacia occidente y su impacto en todo el mundo.


-> el retorno


Teniendo en cuenta esta prodigiosa expansión planetaria de la descendencia de aquel a quien Dios/Elohim llamó “amigo” adquiere significado la afirmación asombrosa de nuestro Señor en Mateo 8:11:


“Os digo que vendrán muchos
del oriente y del occidente,
y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob
en el reino de los cielos”
Mateo 8:11


Estos que vendrán “de oriente y de occidente” a compartir la mesa del Reino de los Cielos, que es el Tabernáculo de David restaurado, son la descendencia de Abraham repartida por el mundo, o mejor, un remanente electo lavado por la sangre del Cordero que volverá con señales y portentos a la gloriosa Sion del mundo venidero/athid lavó. Leamos pasajes sobre el retorno de un remanente de la descendencia de Abraham:


“La descendencia de ellos será
conocida entre las naciones
y sus renuevos en medio de los pueblos.
Todos los que los vean reconocerán
que son un linaje bendito de YaHWéH”
Isaías 61:9


Y también:


“Porque se acordó de su santa palabra
dada a Abraham su siervo,
y sacó a su pueblo con alegría,
y a sus escogidos con gritos de júbilo.
También les dio las tierras de las naciones,
y poseyeron el fruto del trabajo
de los pueblos,
a fin de que guardaran sus estatutos,
Observaran sus leyes. ¡Aleluya!”
Salmo 105:42-45


Y en Sofonías 3:20:


“En aquel tiempo yo os traeré;
en aquel tiempo os reuniré,
y os daré renombre y fama
entre todos los pueblos de la tierra,
cuando levante vuestro cautiverio
ante vuestros propios ojos,
dice YaHWéH”.


Y en Jeremías 31:7:


“Regocijaos en Jacob con alegría;
dad voces de júbilo a la cabeza de naciones.
¡Haced oír, alabad y decid:
“Salva, YaHWéH, a tu pueblo”.
el resto de Israel”


¡Cuantas experiencias esperan a los creyentes que son la descendencia escogida de Abraham, el remanente santo de Israel!

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Sepamos que del mismo modo que en la antigüedad los israelitas cautivos “despojaron” pacíficamente a los egipcios debido al terror que YaHWéH produjo en el corazón de ellos (Éx 12:36), el remanente de Israel de hoy en el destierro de las naciones que la Palabra llama “cautivos” -los creyentes en Cristo- también recibirán en la Sión venidera el tesoro de las naciones -¡tendrán una herencia planetaria!- no obstante ser un pueblo humilde y manso que “se deleitará en la abundancia de paz” (Sal 37:11).

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Amén y amén.

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nota 1:

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Vale recordar lo que se nos dice en Efesios 3:6:

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“El designio secreto es este:
que por el evangelio Dios llama a todas las naciones
a participar, en Cristo Jesús, de la misma herencia,
del mismo cuerpo y de la misma promesa
que el pueblo de Israel”

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es decir que el evangelio nos conduce a heredar las promesas hechas por YaHWéH al pueblo de ISRAEL, que son las hechas a Abraham, y repetidas a los patriarcas y su descendencia que cubrió toda la tierra.

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