“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

ir a página principal

…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

*

+

+

+

Dice Isaías 51:6:

+

“Levanten los ojos al cielo,
y miren abajo, a la tierra:
el cielo se desvanecerá como el humo,
la tierra se gastará como un vestido…
Pero mi salvación será eterna,
mi victoria no tendrá fin”.

+

Y también el Salmo 102:25-26:


“Afirmaste la tierra desde el principio;
tú mismo hiciste el cielo.
Todo ello dejará de existir,
pero tú permaneces firme.
Todo ello se gastará, como la ropa;
¡tú lo cambiarás y quedará cambiado,
como quien se cambia de ropa!”

*

Refiriéndose al mismo acontecimiento dice el apóstol Pedro:


“los cielos pasarán con gran estruendo,
los elementos ardiendo serán deshechos
y la tierra y las obras que en ella hay
serán quemadas”
(2 Pedro 3:10)


La Palabra afirma que el mundo tuvo un comienzo definido en el tiempo y que hay un “día establecido” (Hch 17:31) para su fin, que será tan repentino “como ladrón en la noche”. Y en Lucas 17:30 nuestro Señor avisa que ese abrupto final será del mismo tipo al que que hubo en días de Noe y de Lot:


“Comían, bebían, se casaban
y se daban en casamiento,
hasta el día en que entró Noé en el arca
y vino el diluvio y los destruyó a todos”.


La insidiosa teoría de la evolución, el “pensamiento oficial” de este mundo, afirma que el mundo tiene miles de millones de años hacia atrás y hacia delante. Esto es, que nos precede un tiempo infinito y nos sucederá un tiempo igualmente inconmensurable.


Pero la Palabra afirma que este mundo esta acotado entre dos fechas: la de su creación, al principio, y la del “día de la Ira”, al final. Y que a ese terrible “día de la Ira” que se aproxima le sucederán “nuevos cielos y nueva tierra en donde mora la Justicia”. Quien dice ser creyente tiene que optar entre una versión u otra. O bien todo se originó en una explosión de materia primordial infinitesimal a partir de la cual llegamos a ser lo que somos mediante una interminable serie de combinaciones y casualidades “exitosas”, como dice el evolucionismo. O bien somos creación especial de Dios/Elohim -YaHWéH- que también creó de la nada a los cielos y la tierra, y nos hizo “almas vivientes” al soplar -insuflar- en nosotros un espíritu eterno. En el primer caso la existencia del genero humano y la tierra se prolongaría sin límite de tiempo en el futuro si logramos esquivar posibles catástrofes (como un choque con algún cuerpo celeste o una tormenta solar devastadora, por ejemplo). En el segundo caso nuestro destino es volver a la Presencia de Dios y de Su Cristo luego de la resurrección, y vivir eternamente con Él en una “nueva tierra” llena de Su Gloria. Estas son dos opciones radicalmente opuestas, la que nos presenta el mundo y la que nos revela la Biblia. No hay “consenso” posible entre ellas. Los escogidos debemos saber con la certeza que proviene de la fe (Hebreos 11:1) quienes somos, de donde venimos y adonde vamos.


*

+