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“Pero Moisés trató de apaciguar al Señor su Dios. —… ¿por qué estás tan enojado con tu propio pueblo …
!Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob. Tú mismo te comprometiste… diciendo:
“Haré que sus descendientes sean tan numerosos como las estrellas del cielo, y entregaré
a sus descendientes toda esta tierra que prometí darles, y ellos la poseerán para
siempre”. Entonces el Señor cambió de parecer…”
Éxodo 32, 11-14


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Leemos en Sofonías 3, 17:


“Pues el SEÑOR tu Dios vive en medio de ti.
Él es un poderoso salvador.
Se deleitará en ti con alegría.
Con su amor calmará todos tus temores.
Se gozará por ti con cantos de alegría”


Y en la versión NTV se dice”: “Él estará silencioso en su amor” o “Él te renovará con su amor”. Es cierto que en 1 Juan leemos sintéticamente: “Dios es amor”, pero aquí se nos describe a ese Amor incluyéndolo en una escena que nos habla de una ternura extática que hace corpórea aquella sobria afirmación. Sabemos que la relación de YaHWéH con Su Pueblo es descripta en la Palabra como una relación matrimonial. La Iglesia de Cristo es la Novia que espera ansiosa las Bodas del Cordero para retornar a una Sión gloriosa como su Esposa. Y leemos en el Salmo 89, 6-8 acerca del poder de este Dios Amoroso:


“¿quién se compara con el Señor
en todo el cielo?
¿Qué ángel poderosísimo se asemeja
en algo al Señor?
Los poderes angélicos más altos
quedan en reverencia…
él es mucho más imponente que todos
los que rodean su trono…”


es un poder inmensamente superior a todo el coro angelico que lo rodea. Se dice en la cita: “los poderes angélicos más altos quedan en reverencia… él es mucho más imponente que todos los que rodean su trono”, algo que se recuerda enfáticamente en la carta a los Hebreos. Y es a este Dios Fuerte (Isa 9,6) y Amoroso a Quien estamos ligados por Pacto eterno. Veamos uno de las mas aberrantes intentos de tergiversar estas cosas:


La fiebre de los ‘anunaki’


Una de las mayores inquinas en la extensa tramoya de la apostasía en que vivimos es la historia de la creación del hombre por los ‘anunaki’ tal como es contada en una zaga que alcanzó para algunos la categoría de dogma o verdad excluyente  al punto de menospreciar el relato bíblico. Según este imaginativo relato, el hombre habría sido creado por habitantes de un planeta -o exoplaneta por su alargada orbita excéntrica- que sería el noveno del sistema solar, llamado ‘Nibiru’. Y esto ¡con el propósito de servir como mano de obra esclava para la extracción de oro! Debido a que nuestros supuestos ‘creadores’ precisaban ese precioso metal para espolvorearlo en la atmosfera de su planeta de modo de conservar el calor del sol durante el mayor alejamiento.


Al principio, cuenta esta zaga, ellos mismos-los ‘anunakis’- trajeron la mano de obra pero hubo una revuelta de sus “mineros” que se zanjó con la creación de una raza esclava para realizar el trabajo de minería. ¡Y eso somos –o seríamos- nosotros! ¡Mineros abandonados -según el fin del cuento- por nuestros pérfidos creadores! Y es parte de esta narrativa afirmar que el planeta ‘Nibiru’ pasa cada 3600 años muy próximo a la tierra y en estos días estaría cercana la fecha de un nuevo acercamiento con resultados imprevistos pero siempre catastróficos para la humanidad.


¿Sorprendente historia verdad? No es la primera vez que se intenta desmentir el relato bíblico a partir de una narrativa imaginativa pero totalmente falsa. El evolucionismo cumplió ese rol en el siglo XIX y a pesar de la nula evidencia científica su sombra ha llegado a nuestros días obteniendo -para muchos- una pasmosa credibilidad. En los días en que surgió esta hipotesis el naturalismo y la geología eran las disciplinas científicas de avanzada –aunque carecían todavía de desarrollo científico serio- y debido al manejo de estos términos los postulados del evolucionismo prendieron rápidamente en el imaginario colectivo induciendo –principalmente en occidente- al ateísmo o su primo hermano: el agnosticismo. Hoy son la ecología, la astronomía, los viajes interplanetarios, la manipulación genética y las reivindicaciones  gremiales las disciplinas y temas más mediáticos e influyentes. Y estos  fueron entremezclados con algún ingenio y nula veracidad por Zecharia Sitchin. ¡Y dio en el blanco impactando la conciencia de muchos!


Una evidencia más de que el hombre dejado a si mismo desciende hacia la nada al punto que preferir ser descendiente de simios o fruto de la manipulación genética de “dioses” con intereses mezquinos, a ser hechura de Dios/Elohim y sujeto preferente de Su Amor Redentor. Es decir, el hombre en estado líquido`’ de nuestro tiempo acepta sin  sentido crítico cualquier narrativa que le permita evadir el compromiso con el único Dios Vivo y Verdadero aunque por el camino termine en los hechos burlándose de sí mismo.


El ‘Enûma Elish’


Dice Wikipedia sobre el poema mitológico babilonio Enûma Elish, derivado de mitologías acadias y sumerias:


“Cuando Babilonia se convirtió en la capital de Mesopotamia, la deidad local de Babilonia (Marduk) fue elevada a nivel de dios supremo. Para explicar como Marduk llegó al poder, se escribió el Enûma Elish”


Es decir, este texto también llamado por algunos “Poema de la Creación” tuvo como objetivo colocar al dios local de Babilonia sobre los otros dioses de ciudades preponderantes de la Mesopotamia para afirmar así su dominio político. Sería imposible que Babilonia fuera la capital de un imperio y supuesto centro del mundo si por su vez su dios patricio no fuera el “héroe de los dioses” (uno de los títulos de Marduk). Por eso este poema contenido en siete tablillas de arcilla se recitaba en un día del año equivalente a lo que hoy sería nuestra “fecha patria” ante el templo (zigurat) principal de Babilonia y ese día se hacían procesiones con imágenes de Bel -que significa ‘Señor’ y es otro nombre para Marduk- a las cuales se refiere la cita bíblica que compartiremos más adelante.


El pueblo judío fue exilado en Babilonia -como sabemos- por mano de Nabucodonosor que también era llamado  “hijo dialecto de Marduk” y por eso hay referencias a ese dios en las Escrituras (con sarcasmo como veremos).


El Enûma Elish comienza en un tiempo en que no existían ni el cielo ni la tierra, ni el hombre por supuesto, sino una continuidad acuosa polarizada en dos estados básicos: agua dulce y agua salada. ‘Apsu’ era el dios que personificaba el agua dulce, y ‘Tiamat’ el agua salada. Esta última además era representada como una serpiente:



Apsu y Tiamat “tomándose las manos” engendraron otra pareja que por su vez engendro a Anu (dios del cielo), el primero de la trilogía babilónica. Anú con su esposa engendro dos hermanos Enil y Ea/Enki segundo y tercero de esta trilogía. Y este Ea/Enki (dios de la magia y demiurgo de las más variopintas creaciones) dio muerte a Apsu –que vendría a ser como como su abuelo`’ aunque el conteo generacional/no existía todavía- anticipándose al intento de éste de exterminarlo debido a que le molestaban los ruidos que hacían los jóvenes dioses. Y Ea/Enki con su esposa engendro a Marduk que se convertiría en héroe de todos los dioses luego de una épica batalla en la que enfrentó, derrotó y dio muerte a la “serpiente original” Tiamat – que vendría a ser como su ‘bisabuela’- que se proponía vengar a Apsu, su primer esposo muerto por Ea/Enki.


Para esa batalla Tiamat creó once engendros aterradores al mando de  Kingu, su nuevo esposo a quien le entregó las tablas del destino. Finalmente Marduk vence a Tiamat, la mata y con su cuerpo crea el cielo y la tierra. Además arrebata a Kingu las tablas del destino y exultante con su poder planea realizar obras estupendas de modo que pidiendo el auxilio de su ‘padre’ Ea/Enki proclama:


“Voy a condensar sangre, constituir una osamenta y crear así un prototipo que se llamará Hombre. Este  prototipo, este hombre, lo voy a crear para que le sean impuestas las fatigas de los dioses, y así los dioses puedan estar ociosos”.


Y de este modo es ‘creado’ el ‘hombre’ a partir de la sangre de Kingu con un destino marcado. ¡Vaya bochornoso principio el nuestro! Algunos estudiosos dicen que los babilonios no precisaban creer necesariamente en esta narrativa –en el sentido que se denomina creyente hoy al que adhiere a una fe- sino que de alguna manera ella estaba construida para dar sustento a una identidad nacional colocando a su dios patricio en el pináculo del poder: creador del cielo, la tierra y del mismísimo hombre.


¡Ninguno mayor que Marduk, parece concluirse de esta construcción mitológica! Así, todo se trataría de una especie de marketing político para la marca Babilonia.


Este fue el contexto teológico al que fue expuesto el pueblo judío en su exilio babilónico. En verdad no hay en este poema nada “histórico” sobre nuestros orígenes sino que relata una guerra de dioses polimorfos que se desplazan por un espacio sin límites ni contorno anterior al tiempo. Y lo hacen manejando conjuros, artes mágicas, fenómenos climáticos extremos tales como fortísimos vientos -antes de que existiera el clima porque la tierra no había sido creada- y otras cosas de difícil ubicación conceptual de la cual la mas ‘seria’ parecería ser las ‘tablas del destino’. Solo al final aparece el nombre “Nibiru” para referirse a la estrella polar que, casualmente, está ubicada en la cola de una constelación en forma de serpiente que se precipita desde el cenit y cuya cabeza va a terminar siendo masacrada en la constelación de ‘Hércules’. Es decir, ‘Nibiru’ no es un planeta errante, exógeno o no, sino que todo lo contrario: una estrella fija en torno a la cual giran los astros que fueron supuestamente creados por Marduk con una parte del cuerpo de la serpiente Tiamat. Los estudiosos afirman que esto representa el orden creado por Marduk a partir del caos original y mostramos una figura de un sello que representa al Marduk vencedor de Tiamat, la cual aparece mansa a sus pies, y creador de los cielos ya que en su túnica parecen verse imágenes celestes:




Un ‘dios’ humillado


Ahora bien, ¿que cuenta la Biblia de este proclamado héroe de los anunnakis  y  Señor de toda la tierra? Leemos Jeremías 50, 2-3:


”Anunciadlo en las naciones…
publicadlo y no lo encubráis:
¡Conquistada ha sido Babilonia!
¡Bel está avergonzado!
¡Marduk está deshecho,
destruidas sus esculturas,
destrozados sus ídolos!”


Una proclama muy dura y deprimente a los oídos (y dicen que Marduk tenía cuatro) de un ‘dios’ que se consideraba a si mismo invencible. Y termina la cita refiriéndose a Babilonia:


“No habrá hombre ni animal que en ella more;
todos han huido, se han marchado”


Fin de la historia, un dios mitológico y una ciudad que pretendió ser el centro del mundo –protegida por él- avergonzados y puestos a correr. Pero más duro y lacónico es lo que leemos en Isaías 46, 1-4:


“El dios Bel se dobla,
y el dios Nebo cae al suelo.
Los ídolos son cargados sobre bestias,
y son pesada carga para animales cansados.
Los dioses se doblan y caen al suelo
sin poder salvarse,
y ellos mismos van al destierro.


Esta cita alude a las procesiones de las que hablamos antes en las que se sacaban las imágenes de Marduk por la avenida central de Babilonia y que seguramente serían fastuosas. Y vemos que Isaías hace una pesada burla de ellas. Y en la segunda parte de esta misma cita hay una vigorosa enseñanza para el pueblo judío siempre dispuesto a caer en idolatrías (por lo menos antes de su exilio) y para todo ISRAEL:


“Óiganme, descendientes de Jacob,
todos los que quedan del pueblo de Israel:
Yo he cargado con ustedes desde antes que nacieran;
yo los he llevado en brazos,
y seguiré siendo el mismo cuando sean viejos;
cuando tengan canas, todavía los sostendré”


La enseñanza es clara: los babilonios cargan las pesadas e inertes estatuas de su ‘dios’ en carretas tiradas por bueyes –y tal vez lo hicieran sobre sus hombros en ocasiones- y aun así habían sido vencidos y desterrados. ¡De nada le sirvieron ni su ‘dios’ ni sus elaboradas procesiones rituales! Pero en contraste YaHWéH carga a ISRAEL en Sus brazos, sin desplantes públicos, en secreto, desde antes que nacieran y hasta que sean viejos y los lleva en victoria. Y el pasaje finaliza con una afirmación que no es mitológica sino que penetra y transcurre por dentro de la historia, desde Abraham hasta nuestros días (nota 1):


“Yo los hice, y seguiré cargando con ustedes;
yo los sostendré y los salvaré”


¡Aleluya!


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nota 1: en un libro publicado en este sitio nos referimos al viaje del patriarca Abraham desde el sur de la Mesopotamia a Canaan al otro lado de la medialuna de las tierras fértiles. Y en este viaje de más de dos mil kilómetros hizo una larga parada en Harran, ciudad cercana a Ninive, la actual Mosul. Nos parece que esta es una forma de declararnos que el centro del mundo no estaría en tierras mesopotámicas, ni en Babilonia ni en Nínive, cuyo dios Assur también reclamo la primacía en tiempos del imperio asirio, sino en una ciudad fundada sobre el monte Moreb, lugar sobre el cual Abraham ofreció en obediencia suprema el sacrificio de su hijo Isaac, figura de Jesús/Yeshua y del sacrificio de la cruz.

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