“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el 5 de noviembre de 2013:

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Una mente turbada es la que padece de un continuo descontento, que está presionada, perturbada, inquieta, que se preocupa por el futuro y el pasado así como por las circunstancias presentes. Estoy convencido de que hay más mentes atribuladas hoy que en las generaciones pasadas.


Aparentemente muchos de los que aman a Jesús están tan atribulados en sus mentes como las masas de incrédulos. Veo evidencia de esto en algunas de las cartas que recibe nuestro ministerio. Un sin número de creyentes permanecen
despiertos por la noche, afligidos y angustiados. Van a la iglesia esperando experimentar algún tipo de alivio de sus cargas, pero una vez salen del servicio, sus problemas regresan.


Jesús advirtió que en los últimos días los corazones de las personas estarían preocupados por todas las crisis que tomarían lugar en el mundo.


“Entonces habrá…angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas” (Lucas 21:25-26).


Jesús dijo que los eventos que vienen sobre el mundo asustarían tanto que las personas caerían muertas literalmente de deficiencia cardíaca.


Años atrás llegó una carta de un predicador que tenía alrededor de noventa años. Él recordaba que la inmoralidad en la década del 1920 trajo el juicio sobre América a través de la Gran Depresión. Él ha sido testigo de dos Guerras Mundiales, ha visto el cambio en el sistema de transporte desde carruajes tirados por caballos a transbordadores espaciales, y  el cambio de las comunicaciones desde radios con interferencias sonoras al Internet. En pocas palabras, lo ha visto todo.


Ahora él nos cuenta que la maldad que tiene lugar en nuestra nación hoy lo aflige más que cualquier cosa de lo que ha sido testigo en la vida. Difícilmente puede asimilarlo todo, dice, porque está pasando tan rápido, y las profundidades de la depravación están más allá de la comprensión.


Aún así Jesús nos da una palabra de consuelo a pesar de todo lo que vemos que está tomando lugar. Él ordena: “…mirad que no os turbéis: porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin” (Mateo 24:6). Él nos está diciendo: “¡No permitan que ninguna de las cosas malas de las cuales les estoy advirtiendo, atribulen sus mentes!”

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