“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“…no ruego por el mundo,
sino por los que me diste,
porque tuyos son…”
Juan 17:9

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Una vez YaHWéH le pidió al profeta Jeremías que no orase por Jerusalem, porque Él no lo escucharía:


“Tú, pues, no ores por este pueblo,
ni levantes por ellos clamor ni oración;
porque yo no oiré en el día
que en su aflicción clamen a mí”.
(Jeremías 11:14)


Y esto fue “a causa de la maldad que la casa de Israel y la casa de Judá han hecho”. Ambas “familias” de la única nación de ISRAEL habían cometido adulterio espiritual con YaHWéH al rendir culto al “dios” fenicio  Baal. De la misma forma Jesús/Yeshua -el Sumo Sacerdote de nuestra fe- dice al Padre: “no ruego por el mundo”, porque sabía que el Padre no escucharía sus oraciones. Y agrega “sino por los que me diste, porque tuyos son”.


Esta es una realidad que los creyentes de estos días deberíamos dejar que nos cale bien hondo, hasta los huesos. Demasiadas oraciones se levantan por la paz del mundo, o porque cesen las guerras, o porque desaparezca la violencia, y cosas similares. Y estas a lo sumo son buenas intenciones: hay mucho activismo de buenas intenciones, de cosas “políticamente correctas”, pero sin revelación. Y a la luz de la Palabra sabemos que a esas oraciones por la paz de un mundo impío Dios/Elohim no las escucha. Refiriéndose a esta tierra y a este mundo dice la Palabra:


“se tambaleará como un borracho,
temblará como una débil choza,
sus pecados pesan tanto sobre ella
que caerá y no se levantará”.
(Isa 24:19-20)


Ninguna oración evitará el Juicio que ya ha sido decretado: “sus pecados pesan tanto sobre ella que caerá y no se levantará”, dice la Palabra sobre este mundo. El clamor de los justos -quizas- puede retrasar el Juicio en algún caso, pero no detenerlo.

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-> el remanente


A aquellos por los cuales Jesús/Yeshua rogó y ruega hasta hoy las Escrituras los llama en muchas ocasiones: el remanente. Los cristianos no estamos acostumbrados a esta terminología, pero en una visión transversal de las Escrituras este es un nombre adecuado para definir a aquellos por los cuales Jesús/Yeshua ruega al Padre: el “remanente de Israel”. Así en Jeremías (31:7) se dice:


“’Oh SEÑOR, salva a Tu pueblo,
Al remanente de Israel.’”


Y en Romanos 9:15-16:


“Así también aun en este tiempo
ha quedado un remanente
escogido por gracia.
Y si por gracia, ya no es por obras;
de otra manera la gracia ya no es gracia”.


El remanente ha sido escogido por el Padre desde antes de la fundación  del mundo. Y por lo tanto no ha sido escogido por obras que ellos hayan hecho, sino por Su gracia. Por Su “pura gracia” como se dice en Oseas 14:4.


-> otro nombre para el remanente: “virgen de Sión”


En Isaías 62:11-12 leemos:

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“Decid a la hija de Sión
que ya viene su Salvador;
he aquí su recompensa con él…
Y los llamarán Pueblo Santo,
Redimidos de YaHWéH”


El remanente de Israel -que es el ISRAEL DE DIOS/ JEZREEL-  es también la virgen hija de Sión, Novia del Cordero, que espera a su Salvador y la recompensa que Él traerá a cada uno de los suyos (Ap. 22, 12). Es un rebaño pequeño -y aun así una gran multitud a través de los siglos- que volverá a la Sión en Gloria venidera, nuestra herencia perpetua, luego de que este mundo haya sido castigado por Su Ira.


Por Su “pura gracia” estamos salvos para vida eterna los que somos suyos. ¡Aleluya!

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