“En los días venideros —dice el Señor—, el pueblo de Israel
volverá a su hogar junto con el pueblo de Judá. Llegarán
llorando en busca del Señor su Dios. Preguntarán por el
camino a Jerusalén y emprenderán el regreso a su
hogar. Se aferrarán al Señor con un pacto
eterno que nunca se olvidará”
Jeremias 50, 4-5

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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01/07 2013

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by Gary Wilkerson

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Pablo no parpadeó cuando vino el desastre. Considera la escena: “Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. Con todo, es necesario que demos en alguna isla” (Hechos 27:21-26).


No sé acerca de ti, pero a mí me costaría oír esto. “¿Mi barco se va a destruir? ¡Señor! ¿qué está pasando?”


¿Qué harías si te dicen que tu barco se va a hundir? ¿Cómo reaccionarías si tu llamado se viera amenazado por circunstancias más allá de tu control? Muchos de nosotros tendríamos una crisis de identidad, debido a que nuestra identidad está envuelta en nuestro llamado, ya sea que dicho llamado sea a nuestra familia, trabajo o aun ministerio. Nuestro barco puede ser nuestra casa, nuestro auto nuevo, el éxito de nuestros hijos en los deportes o cientos de muchas otras cosas. Deberíamos agradecer a Dios por los barcos en nuestras vidas, pero ninguno de ellos vale tanto como Cristo y el pueblo al que Él nos ha llamado a servir. Nuestra identidad no puede en otra cosa que en Cristo.


Pablo lo sabía, aun cuando su nave se hacía pedazos. Él nunca desvió su mirada de su llamado, el cual era Cristo. Pablo estuvo calmado durante la tempestad debido a que tenía carga por los otros que estaban a bordo y tenía la certeza de que todos se librarían. El precioso barco de alguien iba a hundirse, pero Pablo los alentaba a todos: “tened buen ánimo”.


Si Dios te ha llamado a algo, no interesa qué tempestad pueda levantarse. Él dice: “No es el final. Cuando todo parece haber perdido el control, Yo estoy en control. ¡No te rindas!”.

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