“Entonces purificaré el lenguaje de todos los pueblos, para que todos juntos
puedan adorar al Señor. Mi pueblo disperso… vendrá a presentar sus ofrendas…
Quitaré al orgulloso y al arrogante de entre ustedes; no habrá más altivez
en mi monte santo. Quedarán sólo los sencillos y los humildes”
Sofonías 3, 9-12

“…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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En Filipenses 3:20 se hace una afirmación que no debemos olvidar:



“Pero nuestra ciudadanía
está en los cielos, de donde
también esperamos al Salvador,
al Señor Jesucristo”.



Y en el versículo siguiente se dice como será posible que ejerzamos esa ciudadanía que no es de este mundo, sino del venidero/athid lavo:



“Él transformará nuestro
cuerpo mortal en un cuerpo
glorioso semejante al suyo”



Así de simple, de rotundo, de maravilloso. ¿Alguien puede ofrecernos una mejor ciudadanía? La de este mundo es urgente en sus demandas, como nuestro cuerpo nos urge con las suyas. Pero como nuestro cuerpo, se enferma, se corrompe, decae y desilusiona, así es la ciudadanía de este mundo.



Atendamos las urgencias legítimas de nuestra ciudadanía actual, pero sin apegarnos demasiado a ella, ni idolatrar instituciones humanas perecederas. No olvidemos que nuestra ciudadanía definitiva esta por venir. Y vendrá como el alba llega después del momento mas oscuro de la noche que es el que se acerca velozmente y casi estamos en el. Y ella  será mucho mas de lo que podamos pensar e imaginar. Hoy, solo con nuestros ojos espirituales podemos contemplarla, de lejos, y anhelara. Es lo que se nos dice en Isaías 33:17:



“Tus ojos verán al Rey en su hermosura;
verán la tierra que está lejos”.
Isaías 33:17

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Y esa “tierra que esta lejos” es Sión en Gloria, “nuevos cielos y nueva tierra” en la cual olvidaremos todas las miserias de esta que caduca y envejece día a día.


Amen y amen

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