»Sin embargo, para ustedes que temen mi nombre, se levantará el Sol de Justicia
con sanidad en sus alas. Saldrán libres, saltando de alegría como becerros sueltos
en medio de los pastos. El día en que yo actúe, ustedes pisotearán a los perversos
como si fueran polvo debajo de sus pies»
Malaquias 4: 2-3

…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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En Filipenses 3:20 se dice algo que no debemos olvidar mientras caminemos por este mundo para que nuestras sandalias no se embarren y se hagan inservibles:


“Pero nuestra ciudadanía
está en los cielos, de donde
también esperamos al Salvador,
al Señor Jesucristo”.


Y en el versículo siguiente se nos recuerda como será posible que ejerzamos esa ciudadanía que no es de este mundo, sino del venidero/athid lavo:


“Él transformará nuestro
cuerpo mortal en un cuerpo
glorioso semejante al suyo”


Así de simple, de rotundo, de maravilloso. ¿Alguien puede ofrecernos una mejor ciudadanía? La de este mundo es urgente en sus demandas, como nuestro cuerpo nos urge con las suyas. Pero como nuestro cuerpo, se enferma, se corrompe, decae y desilusiona, así es la ciudadanía de este mundo.


Atendamos las urgencias legítimas de nuestra ciudadanía actual, pero sin apegarnos demasiado a ella, ni idolatrar instituciones humanas perecederas. No olvidemos que nuestra ciudadanía definitiva esta por venir. Y vendrá como el alba llega después del momento mas oscuro de la noche que es el que se acerca velozmente y casi estamos en el. Y ella  será mucho mas de lo que podamos pensar e imaginar. Hoy, solo con nuestros ojos espirituales podemos contemplarla, de lejos, y anhelara. Es lo que se nos dice en Isaías 33:17:


“Tus ojos verán al Rey en su hermosura;
verán la tierra que está lejos”.
Isaías 33:17

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Y esa “tierra que esta lejos” es Sión en Gloria, “nuevos cielos y nueva tierra” en la cual olvidaremos todas las miserias de esta que caduca y envejece día a día.


Amen y amen

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