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“Sin embargo, ese tiempo de oscuridad y de desesperación no durará para siempre… habrá un tiempo en el futuro
cuando Galilea de los gentiles… será llena de gloria. El pueblo que camina en oscuridad verá
una gran luz… Harás que crezca la nación de Israel, y sus habitantes se alegrarán…
Las botas de los guerreros y los uniformes manchados de sangre por la
guerra serán quemados; serán combustible para el fuego”
Isaías 9, 1-5

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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En Filipenses 3:20 se dice algo que no debemos olvidar durante nuestra peregrinación en esta tierra para que nuestras sandalias no se embarren y tropecemos:


“Pero nuestra ciudadanía
está en los cielos, de donde
también esperamos al Salvador,
al Señor Jesucristo”.


Y en el versículo siguiente se nos recuerda como será posible que ejerzamos esa ciudadanía celestial venidera a la que estamos destinados por nuestra fe:


“Él transformará nuestro
cuerpo mortal en un cuerpo
glorioso semejante al suyo”


Así de simple, de rotundo, de maravilloso. ¿Alguien puede ofrecernos una mejor ciudadanía? La de este mundo es urgente en sus demandas, como nuestro cuerpo nos urge con las suyas. Pero, tal como nuestro cuerpo, se enferma, se corrompe, decae y desilusiona.


Atendamos las urgencias legítimas de nuestra ciudadanía actual, pero sin apegarnos demasiado a ella, ni idolatrar instituciones humanas perecederas. No olvidemos que nuestra ciudadanía definitiva esta por venir. Y ella vendrá como el alba después del momento mas oscuro de la noche y será mucho mas de lo que podamos pensar e imaginar. Hoy, solo con ojos espirituales podemos contemplarla, de lejos, y anhelara. Es lo que se nos dice en Isaías 33:17:


“Tus ojos verán al Rey en su hermosura;
verán la tierra que está lejos”.
Isaías 33:17

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Y esa “tierra que esta lejos” es Sión en Gloria, “nuevos cielos y nueva tierra” en la cual olvidaremos todas las miserias de esta que caduca y ejerceremos gozosos nuestra ciudadanía definitiva.


Amen y amen

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