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“Cada uno de ustedes debe arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y ser bautizado en el nombre
de Jesucristo para el perdón de sus pecados. Entonces recibirán el regalo del Espíritu Santo.
Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para la gente en el futuro lejano, es
decir, para todos los que han sido llamados por el Señor nuestro Dios”
Hechos 2, 38-39


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“pues la vida fue manifestada
y la hemos visto, y testificamos
y os anunciamos la vida eterna,
la cual estaba con el Padre
y se nos manifestó”
1Juan 1:2



El fruto mas bendito del ministerio de nuestro Señor en la tierra es haber manifestado -puesto a nuestra disposición– la vida eterna que estaba en el seno del Padre. Como está dicho en Juan 1:18:



“A Dios nadie le vio jamás;
el unigénito Hijo, que está
en el seno del Padre,
él le ha dado a conocer”.



Aquello que estaba en el seno de el Padre está ahora a nuestro alcance. Nuestra finitud ha sido traspasada por la eternidad. Nuestra corrupción, revestida por la incorrupción. La carne vencida por el Espíritu. ¡Aleluya!. Contemplemos este misterio cada mañana para vivir por la fe la eternidad que ya es nuestra, y traspasar así las contradicciones y limitaciones de este mundo con la armonía perfecta del venidero.


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