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“Pon tu esperanza en el Señor y marcha con paso firme por su camino. Él te honrará al darte la tierra…
He visto a gente malvada y despiadada florecer como árboles en tierra fértil. Pero cuando volví
a mirar, ¡habían desaparecido… no pude encontrarlos! El Señor rescata a los justos;
él es su fortaleza en tiempos de dificultad… Él salva a los justos,
y ellos encuentran refugio en él”
Salmo 37, 34-40


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Uno de los mayores sabios judíos -quizás el mayor- Rambam “Maimonides” escribe:


“Si él [el Mesías] reúne al remanente
disperso de Israel,
él es definitivamente
el Mashíaj.


Señalando cual es la obra definitiva que debemos esperar del Mesías de ISRAEL en nuestros días: la convocatoria del remanente disperso de ISRAEL -y que también esperaban ansiosamente los discípulos de Jesús/Yeshua (Hechos 1:6)-. Asimismo, una de las oraciones diarias del judaísmo -la décima bendición, en dieciocho- dice así:


“Sopla el Gran Shofar
para nuestra libertad
y alza la bandera
para reunir a los exiliados
y recogernos desde las cuatro
esquinas de la tierra.
Bendito eres Tú, Oh Señor,
que recoge a los desterrados
de Tu pueblo Israel.”
Oración Amida


Y también es a los israelitas dispersos a quienes JACOBO dirigió su carta escribiendo muy explícitamente: “á las doce tribus que están esparcidas, salud”. Lo que muestra que los “hijos de Israel(Efraín)” –las diez tribus dispersas entre las naciones por mandato de YaHWÉH en el año 722 A.C. – estaban muy vigentes en el pensamiento de los apóstoles a pesar de haber sido extirpadas del cuerpo de ISRAEL 750 años antes. Y hacia ellas fueron los “doce apóstoles del Cordero” según las instrucciones recibidas de su Maestro (Mateo 10:5-7). En coherencia con esto podemos leer en Lucas 2:10-11:


“No temáis; porque he aquí os doy
nuevas de gran gozo,
que será para todo el pueblo:
que os ha nacido hoy,
en la ciudad de David,
un Salvador que
es Cristo el Señor”


Este pasaje dice que el evangelio “será para todo el pueblo”. ¿Y cuál puede ser ese pueblo?: pues el pueblo de ISRAEL integrado por la “casa de Judá” y la “casa de Israel(Efraín)”.

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Estamos cerca del tiempo del llamado interior “que hará volver el corazón de los hijos hacia los padres” (Malaquías 4:6). En Juan 10:3-4 se lee:


“…las ovejas oyen su voz;
y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.
Y cuando ha sacado fuera todas las propias,
va delante de ellas; y las ovejas le siguen,
porque conocen su voz.”

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Dios lee los corazones y habla en ellos. Oremos para que en los días de “nublado y oscuridad” que se aproximan seamos dignos de escuchar esa voz salvadora en medio del sonido estremecedor de la guerra, la destrucción, y los fenómenos naturales aterradores a nuestro lado. Así como Elías escuchó el susurro apacible luego de la terrible tempestad que quebraba las peñas, el terremoto y el fuego.


Y de ese modo -al sonar del shofar y la revelación del apacible silbo interior- los “elegidos y fieles” que hayamos quedado vivos vamos a ser transformados en un abrir y cerrar de ojos, y nos uniremos en los cielos con los que “durmieron en Cristo” (que resucitarán primero). Y así asistiremos juntos a “la cena y las bodas del Cordero”. Y luego de esta celebración, llena de un gozo inefable, en donde todos los santos seremos contemporáneos cruzando el testimonio de los siglos, volveremos a Sión detrás del Jinete del caballo blanco y ropas teñidas de sangre. Y tendremos cuerpos resplandecientes, celestiales. Y seremos de nuevo la Esposa eterna y fiel de YaHWéH, así como Oseas tomó de nuevo como esposa fiel a la descarriada Gomer.


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