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“Cada uno de ustedes debe arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y ser bautizado en el nombre
de Jesucristo para el perdón de sus pecados. Entonces recibirán el regalo del Espíritu Santo.
Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para la gente en el futuro lejano, es
decir, para todos los que han sido llamados por el Señor nuestro Dios”
Hechos 2, 38-39


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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23/09/13
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No es posible –ni pretendemos- seguir todo lo que sucede en materia de persecución, acoso y muerte de cristianos en el mundo. Sería imposible, es el “tiempo de los cazadores” y estamos entrando en temporada alta. Hablamos del futuro incierto de los cristianos en Siria, y en Egipto. Pero la noticia de ayer y hoy nos devuelve a Pakistán, adonde los “estudiantes del Coran” –“talibanes”- huyeron luego de que fueron derrotados en Afganistán, después del 11-S. Ayer, dos de estos “estudiantes” sembraron la muerte en  una iglesia cristiana. Se habla de la peor matanza de cristianos de la historia en Pakistan. Sabemos en donde están hoy y por la eternidad los 82 mártires cristianos -hasta el último recuento-. No es el mismo lugar en donde estarán los dos estudiantes del Corán, los dos talibanes, tambien por toda la eternidad. Y de nuevo tenemos un sentimiento ambivalente: por un lado de gozo porque los mártires habrán llegado por fin a casa, dejando de ser peregrinos y extranjeros en un mundo en el que estaban/estamos de paso. Y por otro de dolor, por la perdida que debe ser como un puñal clavado en el corazón de familiares, hermanos de fe y amigos.


No nos cansemos de dar gracias a Jesús/Yeshua que con Su muerte derrotó a la muerte. Es decir, a la de aquellos que tomaron sobre si el yugo leve de la cruz que le correspondía, se negaron a si mismos y siguieron detrás de Él. Del Hijo de David/Hijo del Hombre cuya Cruz si fue pesaba hasta el infinito ya que, aun siendo Dios, provocó que sudara sangre en la víspera, en el jardín de Getsemani, sabiendo que recibiría de lleno sobre Si mismo toda la ira de Dios destinada a la humanidad pecadora, hija del primer Adán. Él es nuestra Justicia, el segundo Adán vivificante. Este es el artículo:
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http://www.lavanguardia.com/internacional/20130923/54389870865/pakistan-conmocionado-matanza-cristianos.html

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