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“¡Pero la Porcion de Jacob no es ningún ídolo! Él es el Creador de todo lo que existe,
incluido Israel, su posesión más preciada. ¡El Señor de los Ejércitos
Celestiales es su nombre!”
Jeremias 10, 16


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson que nos llegó hoy: 22 de julio del 2011:

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En Daniel 3, el rey Nabucodonosor erigió una estatua grande, de oro, de noventa metros de altura y convocó a todos los líderes de su vasto imperio a una ceremonia de dedicación. Una vez que éstos llegaron, Nabucodonosor ordenó que todos se postraran en adoración ante la imagen y aquel que desafiara la orden debía morir.


Tres de los amigos de Daniel, Sadrac, Mesac y Abed-Nego rehusaron arrodillarse. Estos hombres, junto con Daniel, habían sido llevados cautivos de Jerusalén. No era raro en aquellos días castigar a quienes violaban los decretos del rey arrojándolos en un horno ardiente. (ver Jeremías 29:22). Cuando los guardias trajeron a los tres hombres hebreos ante el rey, él les gritó “¡Aja! ¿Con que se niegan a arrodillarse ante mi imagen? Voy a darles una oportunidad más. Si no se inclinan en esta ocasión, los lanzaré en el horno de fuego ardiente”. (Daniel 3:14-15).


Finalmente, los tres hebreos fueron lanzados al horno. Pero el rey quedó perplejo; no hubo ningún destello repentino de cuerpos asados, ni olor a carne quemada. El observó detenidamente el fuego y se sorprendió de lo que vio.


Los tres hombres hebreos estaban caminando por encima de las brasas. El fuego había quemado sólo las cuerdas que los ataban y ahora sus manos estaban levantadas alabando a Dios. Nabucodonosor se dirigió a uno de sus colaboradores y dijo: “¿Cuántos hombres tiramos ahí dentro?”


“Tres, oh rey,” fue la respuesta.


“¡Pero yo veo cuatro! Y ninguno de ellos está en llamas. Ninguno está herido. Y uno de ellos tiene la apariencia del Hijo de Dios ” (véase Daniel3:24-25).


Jesús entró en la crisis de estos hombres por una razón ¡y solamente por una razón! Él vino para consolarlos y rescatarlos porque los amaba. El mismo Señor de la gloria se comprometió con ellos en su momento de crisis ¡porque ellos estaban totalmente comprometidos con Él!


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