“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el 12 de noviembre de 2013:

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Muchas voces en el mundo de hoy están analizando por qué la gente está tan perpleja y preocupada. Pero la cantidad no es mayor a una “Babel” de razones confusas. El hecho es que ningún verdadero amante de Jesucristo va a estar atribulado por la posible pérdida de cosas materiales. Más bien, ¡va a estar plagado de problemas en el mundo espiritual!


Pablo conocía la verdadera causa de nuestras perplejidades y angustias y él aborda el tema en Romanos 7:15-19: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago…Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”.


El apóstol está diciendo: “Justamente aquello que no quiero hacer, termino haciéndolo. Pero aquello que me encantaría hacer, en obediencia a Dios, ¡me es imposible lograrlo!”


Acá, Pablo se está refiriendo a miles de creyentes sinceros. Ellos están preocupados, ya que simplemente no pueden encontrar la victoria sobre el pecado. Ellos quieren hacer lo correcto, vivir una vida santa y pura delante del Señor; y odian el pecado que tan fácilmente los tienta e interrumpe su comunión con Cristo. Sin embargo, ¡siguen volviendo a éste!


Terminan angustiados, preocupados y cansados, gritando: “¡Miserable de mí! Yo no quiero seguir con esto. ¡Pero pareciera imposible resistirse! ¿Por qué soy tan débil? Y ¿por cuánto tiempo debo soportar esta lucha? ¿Pasaré toda mi vida llorando un río de lágrimas, confesando y arrepintiéndome y luego volviendo a mi pecado?”.


Abraham hizo una pregunta similar al Señor al no ver salida al dilema en que estaba. La respuesta de Dios fue: “Yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande” (Génesis 15:1). El Señor le dijo: “Abraham, te voy a dar a Mí mismo y eso es todo. Yo seré tu defensor y tu gran recompensa, porque Yo soy el que soy. No tienes por qué temer a otro enemigo durante toda tu vida, porque ¡Yo seré Dios para ti!

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