“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“Aunque el Señor os ha dado
pan de escasez y agua de opresión,
tu Maestro no se esconderá más,
sino que tus ojos contemplarán
a tu Maestro”.
(Isaías 30:20)


No en vano se le llama a Isaías “el quinto evangelista”: él es un ejemplo notable de la integridad de la Palabra. Aquí alude a un pueblo que pasaría necesidades agudas, pero que un día escucharía a su Maestro. Y a continuación dice:


“Tus oídos oirán detrás de ti
una palabra: Este es el camino,
andad en él, ya sea que vayáis
a la derecha o a la izquierda.


La experiencia cristiana individual es una aplicación de la experiencia del contumaz Efraín, la descendencia del norteño reino de Israel desterrado entre las naciones, a la cual le fue enviado el evangelio según instrucciones del Maestro (Mateo 10:5-7, Hechos 10:36). Todos nosotros estábamos perdidos en nuestros pecados, como Efraín en el desierto de las naciones, con “pan de escasez y agua de opresión” espiritual, sin Dios y sin esperanza. Pero cuando escuchamos el evangelio de Salvación las palabras del Maestro resplandecieron en nosotros. Desde entonces la voz del Espíritu en nuestro interior nos revela Su presencia y nos avisa cuando nos desviamos a la izquierda o derecha para no salirnos del Camino que lleva a la comunión completa y eterna con Él en el mundo venidero/athid lavo. Entonces Él morara con nosotros en el Reino venidero y veremos Su Gloria.


¡Todo esto se anuncia en este breve pasaje!.


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