“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el 23 de octubre de 2013:

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Nuestro Señor tiene un plan maravilloso para cada uno de sus hijos que le ama y ningún ataque satánico contra Sus hijos podrá alterar jamás esos planes. Dios sabe las penas, luchas y aflicciones que podemos estar enfrentando hoy, pero también sabe las cosas gloriosas que Él ha preparado para nosotros. Él sabe la revelación que recibiremos, cuan útiles seremos, el fruto que veremos, el gozo y la paz que poseeremos. ¡Él tiene una “palabra buena” para todo aquel que le ama!


“…Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu” (1 Corintios 2:10). El Señor desea mostrarnos Su “palabra buena” acerca de lo que ha preparado para nosotros, y Su Espíritu es el mensajero que entrega esa palabra buena. ¡El Espíritu Santo dará alas a nuestro espíritu decaído con la revelación de Dios para nosotros y volaremos como águilas saliendo de la trampa de Satanás!


Escucha estas palabras maravillosas de Isaías:


“¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” (Isaías 40:28-31).


La obra del Espíritu Santo  es alentarnos y nuestro trabajo es simplemente confiar que Él cumplirá lo que el Padre le ha mandado a hacer.


Ve a tu habitación secreta ahora mismo, aún en tu estado de desaliento, y guarda silencio ante el Señor. Aunque no tengas las fuerzas suficientes para hablar, lo puedes alcanzar en espíritu con esta oración:


“Señor, yo sé que tu Espíritu habita en mí y sé que lo enviaste para alentarme, fortalecerme y revelarme la mente de Cristo. Así que acudo a Ti ahora mismo con la fe simple de un niño. Habla a mi corazón palabras de consuelo porque ya no me quedan más fuerzas. Levántame y dirígeme.”


¡No vas a desmayar! Vas a salir de tu prueba victorioso, porque tu fe habrá sido probada y tratada como oro. ¡Verás que el Señor cumplirá cada promesa que te ha hecho!

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