“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó hoy:  3 de abril del 2012:

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El libro de Daniel menciona diversos beneficios para aquellos que tienen un corazón arrepentido. Inclusive, para todos aquellos que reconocen su pecado, Dios hace lo más milagroso. Uno de esos beneficios es una nueva y más clara visión de Jesús. Lea lo que sucedió después de la oración de arrepentimiento de Daniel en Daniel 9:


“Alcé mis ojos y miré, y vi un varón vestido de lino y ceñida su cintura con oro de Ufaz. Su cuerpo era como de berilo, su rostro parecía un relámpago, sus ojos como antorchas de fuego, sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud. Sólo yo, Daniel, vi aquella visión. . . .” (Daniel 10:5-7).


¿A quién cree usted que Daniel vió en esa visión? ¡A Jesús!  ¡Qué magnífico beneficio hizo el Espíritu Santo en Daniel cuando él confesó su pecado! ¡Le fue dada una clara visión de Cristo en toda su gloria!


Por favor comprenda que Daniel no estaba orando por esta visión. Todo lo que él estaba haciendo era arrepentirse -confesando y lamentándose sobre su pecado. Jesús tomó dicho acto para revelarse a Daniel -Él tuvo la iniciativa. Usted ve cómo cuando nosotros nos arrepentimos y hacemos las cosas rectas con Dios y los demás, no tenemos que buscar una revelación. Jesús mismo nos la manifestará.


Daniel tenía amigos que también eran santos pues él caminaba solamente junto a gente recta. Sin embargo, la Escritura nos dice que ninguno de ellos fue testigo de la visión que Daniel recibió: “No la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se apoderó de ellos un gran temor y huyeron y se escondieron. Quedé, pues, yo solo ante esta gran visión…”(Daniel 10:7-8).


Un corazón verdaderamente arrepentido nunca tiene que esconderse del Señor porque no existe más ningún temor de juicio. Si usted reconoce sus pecados con arrepentimiento santo y hace una restititución, usted puede ver confiadamente la cara del Maestro. Usted no tiene que temblar por temor a recibir la  palabra fulminante de reprobación de  parte de Dios porque usted verá a Cristo en Su gloria.
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