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“… llegará el día cuando el pueblo de Israel será como la arena
a la orilla del mar,
¡imposible de contar! Así que en el lugar
donde se les dijo: “Ustedes no son mi pueblo”, se dirá:
“Ustedes son hijos del Dios viviente”. Entonces los
pueblos de Judá e Israel se unirán, elegirán un
solo líder y regresarán juntos del destierro.
Qué gran día será —el día de Jezreel—
cuando Dios plantará de nuevo a su
pueblo en su tierra”
Oseas 1: 10-11

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12


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2 de setiembre, 2013

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by Gary Wilkerson


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“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28). Jesús no está solamente haciendo una invitación, nos está mandando a venir a Él, porque solo Él proporciona el descanso que nuestra alma necesita.


Sin embargo, ¿Será que es posible para nosotros, por nuestra propia cuenta, ‘venir a él’? Según Jesús, es imposible:  “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44). ¿Por qué Cristo nos mandaría a hacer algo que no podemos hacer?


Aquí se nos está dando una lección importante y una que es fundamental para la vida cristiana. Es decir, cuando se nos da una orden, no es suficiente con que nos entusiasmemos y digamos: “¡Yo soy tu hombre, Señor!” Si hacemos esto, estamos en problemas incluso antes de empezar. El hecho es que, cuando senos da una orden en los evangelios, ésta expone nuestra propia incapacidad. Dios hace esto a propósito. Incluso cuando Él nos revela su voluntad y sus mandatos, Él nos muestra nuestra incapacidad de lograrlos por nosotros mismos.


Por esta razón, Jesús nos da a continuación de cada mandato imposible, una promesa. En primer lugar, dice: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere”. E inmediatamente después, Él dice: “Y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:44). Dios no sólo nos atraerá hacia Sí mismo, sino que nos levantará a una vida nueva y resucitada. Su poder nos permite caminar en un nuevo pacto con Él.


No tenemos la capacidad de tener una nueva vida por nuestra cuenta, pues ésta viene sólo a través de Él. Del mismo modo, el mismo poder que nos salva por gracia también nos mantiene por gracia. “Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Juan 3:21). Significa que sus obras han sido “elaboradas en Dios”. ¡Dios está fabricando la obra en nosotros! Es por eso que a cada mandato le sigue una promesa. Tan pronto como nos revela nuestra incapacidad, Él nos revela Su capacidad y voluntad para llevar a cabo todo esto en nosotros.

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