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“… llegará el día cuando el pueblo de Israel será como la arena
a la orilla del mar,
¡imposible de contar! Así que en el lugar
donde se les dijo: “Ustedes no son mi pueblo”, se dirá:
“Ustedes son hijos del Dios viviente”. Entonces los
pueblos de Judá e Israel se unirán, elegirán un
solo líder y regresarán juntos del destierro.
Qué gran día será —el día de Jezreel—
cuando Dios plantará de nuevo a su
pueblo en su tierra”
Oseas 1: 10-11

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el 17 de julio  de 2013:

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Isaías habla de Cristo sanando la lengua tartamuda (ver Isaías 33:19). En este pasaje, la palabra hebrea: “tartamuda” significa “una declaración defectuosa”. Ésta es una voz de incertidumbre e indecisión, que habla una palabra que carece de poder o verdad.


Escuchen las solemnes palabras del profeta sobre este asunto: “Porque el ruin hablará ruindades, y su corazón fabricará iniquidad, para cometer impiedad” (32:6). La palabra hebrea “ruindad”, en este pasaje, significa “necedad, un crimen pecaminoso”. Viene de la palabra “nabal”, que significa tonto, necio.


Isaías nos está diciendo: “Sólo un hombre malvado, necio intentaría llevar la palabra de Dios, mientras practica el pecado. ¡Sus palabras suenan a una gran necedad! Tal hombre comete “impiedad y para hablar escarnio contra Jehová, dejando vacía el alma hambrienta, y quitando la bebida al sediento” (mismo versículo). Su propio error acaba por desviar a otros.


Estoy convencido de que un pecado en particular, más que cualquier otro, produce tal distorsión de la verdad. Es el pecado de la incredulidad, la cual es galopante en muchos ministerios de hoy.


Dios dice que el pecado de incredulidad es “volver a Egipto”. “y de los que descienden a Egipto por ayuda…y no miran al Santo de Israel, ni buscan a Jehová” (31:1). “Ay de los hijos que se apartan…para tomar consejo, y no de mí…se apartan para descender a Egipto” (30:1-2).


Isaías se quedó estupefacto al ver que muchos de los líderes de Israel montar sus caballos y galopar a Egipto para tratar de obtener consejo sobre la política y la seguridad nacional. Éstos fueron los mismos hombres que le dijeron al profeta que no tenían tiempo para buscar al Señor o consultar con Él. Pero Dios no tomó sus acciones a la ligera. Llamó a todo ello, rebelión ¡y pronunció ayes sobre ellos!


Hoy en día, nada ha cambiado. Multitudes de cristianos atraviesan el país asistiendo a seminarios y convenciones con una mentalidad de “ir a Egipto”. Están navegando en la red, creando estrategias, tomando prestado métodos mundanos, obteniendo consejos inspirados en la carne. En resumen, están buscando cualquier cosa nueva que pudiera emocionarlos.


Pero el siervo que ora y confía en Dios completamente, sabe que no tiene tiempo para los conceptos egipcios. El único lugar al que corre es a su aposento de oración, de donde obtiene su consejo, ¡de rodillas!

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