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“Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén
y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente… “Pues yo os digo que
a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”
Lucas 19, 11, 26


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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EN GÉNESIS 49:22-26 leemos la profecía del patriarca Jacob sobre José, que alcanza a sus hijos Efraín y Manases, y comienza así:

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“Ramo fructífero José,
Ramo fructífero junto á fuente,
Cuyos vástagos se extienden sobre el muro…”
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Lo que nos anuncia una descendencia tan vigorosa que no sería contenida por frontera alguna. Y en Deuteronomio 33:13-17 leemos la  profecía paralela de Moisés sobre José que complementa la de Jacob, cuya parte final dice:

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“…y corneará a todos los pueblos
hasta los extremos de la tierra.
Tales son las multitudes de Efraín;
tales son los millares de Manases”
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En estas citas encontramos la saga de la primera promesa de YaHWéH a Abraham que ya estudiamos: “tu descendencia se adueñará de las puertas de sus enemigos”. Y la historia de las naciones no se comprende en su Pulso interior, si no tenemos en cuenta esa penetración profetizada de los “hijos de Israel”/”casa de Israel” en su seno llevando un extraordinario bagaje profético de prosperidad y dominio (sabemos que esta observación no es políticamente correcta para los parámetros de hoy, pero lo es para YaHWéH y Su plan de redención ofrecido a todo el género humano). Recordemos que estas poblaciones expatriadas de Samaria, al norte de las tierras bíblicas, debían de “mezclarse” con las naciones, ser “zarandeados” en ellas (Oseas 7:8; Amos 9:9), y así sus “genes proféticos” -por así decirlo- se traspasaron a los pueblos en donde estuvieran incluidos sin contradicción, que fueron los que forjaron las líneas maestras de la historia. Veamos lo que sucedió con esta descendencia de Israel que llevó la semilla de Abraham a las naciones en uno de sus principales destinos, lo que hoy es Europa:

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No hay registro de poblaciones en los territorios al norte del río Danubio antes del siglo VII AC. Recién se registran ocupaciones a partir del siglo V AC. Y a partir de esa fecha se registran dos oleadas de pueblos provenientes de las estepas trascaucásicas que la historiografía moderna ha llamado “indoeuropeos” –nombre  que no solo no aclara, sino que es perfecto para confundir-.

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Así comienzan a poblarse esas vastas tierras de climas a veces inhóspitos en comparación con los territorios en torno al Mediterráneo que sería el escenario principal de la cultura grecolatina. Las dos oleadas tuvieron una separación de seis siglos una de otra.  La primera comenzó a partir del siglo V AC,  y la segunda a partir del siglo II DC cuando el Imperio Romano había alcanzado ya un gran desarrollo. Dice así una historia universal escrita en 1854, antes de que comenzaran a desdibujarse los nombres originales de los primeros pobladores de Europa detrás del confuso calificativo de “indoeuropeos”:


“Las naciones de Europa son el producto incontestable de la distribución y superposición de la última oleada de escitas… Estos se sobrepusieron a otra oleada anterior que llegó de un modo igual y del mismo país, pues que se componía de cimerios, Galos y Celtas”  (nota 1)


De modo que la primera oleada fue de los pueblos llamados cimerios, y la segunda de los llamados escitas. Guardemos el nombre de estos dos pueblos porque son el manantial de donde surgieron las naciones que mas tarde dominarían el mundo. Y la cita histórica agrega que ambas oleadas vinieron del mismo “país” o región. Otro dato importante. También se dice que fue la segunda oleada la que dio forma definitiva a los pueblos y naciones de la Europa de hoy sobreponiéndose a la primera.  Aquí están todos los elementos que debemos recordar para percibir la génesis de las naciones europeas.


Ahora bien, los pueblos cimerios fueron llamados por los romanos “galos” (esto es: “gallos”) por su vistosidad y  constante belicosidad. Pero los griegos los llamaron “keltoi” de donde deriva “celtas” (tal vez por su prodigiosa capacidad de multiplicación: “keltoi” significa conejos). De modo que los cimerios fueron llamados galos/celtas y estas denominaciones se refieren a los pueblos de la primera oleada sobre los territorios de la hoy Europa.


Los pueblos de la segunda oleada fueron los escitas.  Éstos llegaron a partir del siglo II DC cuando el Imperio Romano estaba sólidamente establecido y había recorrido gran parte de su trayectoria. Y fueron llamados en la historia por el nombre de “godos” o “germanos”. De modo que godos/germanos o escitas son nombres que se refieren a los pueblos de la segunda oleada. Entonces las naciones europeas se remontan a estos dos orígenes:


1) cimerios /galos/celtas
2) escitas /godos/germanos


Y ambos pueblos (o conglomerados de pueblos) provinieron de “una misma región”. Pues bien, veremos que tanto  “cimeros” como “escitas” son nombres para la descendencia desterrada de los “hijos de Israel”/”casa de Israel”/”Efraín” que vimos penetrar en las naciones luego del destierro asirio y del final de ese imperio en el capitulo anterior. Todo lo cual fue profetizado por Oseas y Amos durante el reinado de Jeroboam II.  Veamos lo que dice la arqueología:


obelisco

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En el año 1846 se descubrió en la antigua ciudad asiria de Nimrod un obelisco de basalto negro. En el aparece el rey Jehu -un rey del norteño reino de Israel que fue cabeza de una dinastía- trayendo tributos al emperador asirio Salmanasar III. Y se lee la siguiente inscripción:

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“Tributo de Jehú,  hijo de Omrí:  recibí de él plata, oro, un cuenco de oro, un recipiente de oro, copas de oro, cubos de oro, estaño, un bastón para la mano del rey y venablos”


De modo que Salamasar llama a Jehu: “hijo de Omri” utilizando este nombre genérico para referirse a todo el pueblo del reino del norte de ISRAEL en oposición al reino del sur liderado por la casa de David. ¿Y quién fue Omri? Pues un rey del reino norteño de Israel que tomó decisiones fundacionales que le dieron su identidad ante las naciones. Esto es:


1) la asociación estrecha con Tiro y sus dioses  Baal y Astarté,

2) un activo comercio internacional, y

3) la fundación de Samaria, orgullosa capital del reino norteño. Todo esto para contrarrestar la influencia de Jerusalem  y de su Templo de modo de consolidar la independencia y separación definitiva del reino del sur cuya capital era precisamente Jerusalem -la ciudad de David-.


Es natural que tan radical actitud separatista por parte del reino del norte de ISRAEL -el llamado “reino de Israel”- se viera reflejada en las naciones con una denominación diferente para su población. Y esta fue: “hijos de Omri”. En tanto que a los pobladores del “reino del sur” de ISRAEL fueron llamados: “judíos”.  De modo que “hijos de Omri” y “judíos” pertenecían originalmente a un único reino de ISRAEL que fue dividido en dos. La profecía llama a los que la historia denomina “hijos de Omri” de varias formas, pero básicamente tres: “hijos de Israel”, “casa de Israel” y Efraín”, siendo todas ellas sinónimos… Conocer esta separación semántica entre ambas poblaciones del mismo ISRAEL es la llave para entender la historia y la profecía.

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Por lo demás, vimos que el reino del norte -el “reino de Israel”- tenía gran visibilidad internacional por su activo intercambio comercial, en tanto que el reino del sur  -los “judíos”- permanecía en cierto modo vuelto hacia si mismo, como parapetado en su arisca geografía. Y la denominación  de “hijos de Omri” entonces pasó a ser aplicada en la historia secular a toda la población del norteño reino de Israel como algo completamente diferente de los judíos.  Y de “hijos de Omri” derivó “khumri”, y de ahí “cimerios”, que es el nombre de los pueblos de la primera oleada.


Estas cosas surgen de testimonios irrefutables producto de la investigación arqueológica moderna sobre cuyas conclusiones no hay sombra de duda en nadie, por lo cual vemos que la denominación genérica de “indoeuropeos” a los pueblos de las migraciones que poblaron la actual Europa no ayuda a extraer las conclusiones obvias que se deducen cuando sabemos que los pueblos de la primera oleada se llamaron cimerios y que estos eran descendencia de Israel y por lo tanto descendencia de Abraham. Tal vez esa denominación insípida -”indoeuropeos”- se deba a que se quiso ocultar esta obvia conclusión que sin embargo explica transversalmente siglos de historia.


De modo que la primera oleada de los pueblos fundacionales de Europa era descendencia del reino de Israel. Aunque seguramente con los cimerios venían mezclados otros pueblos, especialmente de origen jafeita. Esto es lo que anuncia Génesis 9:27:

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“¡Engrandezca Dios a Jafet,
que habite en las tiendas de Sem!”


Y en efecto la investigación antropológica nos dice que los llamados galos/celtas eran multiétnicos y de variada conformación física.


¿Y los escitas?  A éstos los persas los conocían como “saka”,  los babilonios como “gimirri” y los asirios como “khumri”, nombre del cual conocemos su origen: “hijos de Omri”, esto es, también los escitas fueron descendientes de la población del norteño reino de Israel como los cimerios. Es decir, la segunda oleada sobre los territorios protoeuropeos era también de pueblos descendientes de Abraham, Isaac y Jacob –“hijos de Israel”/”casa de Israel”/”Efraín” -. Pero venían rezagados con respecto a los primeros -los cimerios- en su migración hacia occidente.  Y con los escitas también estaban mezclados pueblos jafeitas.


Los escitas/”saka” se habían dirigido primero hacia el oriente, penetrando en Persia, la India y en Asia hasta la China y Japón. En todos estos destinos dejaron descendencia. Digamos para mas precisión que “saka” tiene para muchos el significado de “los que viven en tiendas” (ver Oseas 12:9), y que “tienda” en hebreo se dice  “sukah”. Y aun “saka” puede significar según otros “casa de Jacob”, que es  otro de los nombres para los “hijos de Israel”/”casa de Israel/”Efraín”.  De modo que tampoco existe duda sobre el origen étnico de la segunda oleada. Ellos eran descendencia de Abraham con la específica profecía de los hijos de José sobre sus espaldas,  esto es: prosperidad sin límites, enormemente petrolíferos, y con dominio sobre sus enemigos.

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(1) “Historia Universal” de Césare Cantú, Nemesio Fernandez – Cuesta – 1854 –. Además, en el tópico “cimerios” de Wikipedia se puede leer:


“Si bien los registros históricos de los cimerios sólo aparecen en el escenario de la historia mundial durante un breve período (durante el siglo VII a. C.), numerosos pueblos celtas y germánicos tienen  entre sus tradiciones la de que descienden de los cimerios o escitas, y algunos de sus nombres étnicos parecen corroborar dicha creencia”.


Este es un testimonio adicional  -entre muchos– de lo que afirmamos  sobre  el origen de las naciones europeas. Claro que entre los pueblos que venían “mezclados” con cimerios y escitas los había de origen ario e iranio. Éstos, centurias después dieron lugar a la sórdida doctrina  racista del nazismo, si bien la mayoría de la población europea es descendiente de Abraham.

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