“En los días venideros —dice el Señor—, el pueblo de Israel
volverá a su hogar junto con el pueblo de Judá. Llegarán
llorando en busca del Señor su Dios. Preguntarán por el
camino a Jerusalén y emprenderán el regreso a su
hogar. Se aferrarán al Señor con un pacto
eterno que nunca se olvidará”
Jeremias 50, 4-5

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó hoy: 16 de agosto del 2012:

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Debe haber sorprendido a Jesús escuchar a Tomás diciendo: “Señor, no sabemos a dónde vas tú, ¿Cómo  podemos saber el camino” (Juan 14:5). Tomas estaba diciendo en realidad: “Jesús, Tú hablas con tanta familiaridad sobre ir a tu Padre, pero nosotros no lo conocemos como tú. ¿Cómo podemos saber el camino hacia el Padre?”


Esta era una confesión. Tomas estaba admitiendo, “Señor, tú sabes que hemos sido íntimos durante los últimos tres años, pero no tenemos la revelación de quién es el Padre, de su amor, su cuidado, su ternura. Por favor,  antes de irte, muéstranos al Padre.” Sin embargo, eso es precisamente lo que Jesús había estado haciendo  durante los últimos tres años. Sus discípulos habían perdido la revelación.


Si fuéramos totalmente conscientes de que tenemos un amoroso y protector Padre celestial, ¿por qué alguna vez estaríamos desanimados cuando el enemigo viene contra nosotros? ¿Por qué desesperarnos por una carga financiera que parece abrumadora? ¿Por qué nos preguntaríamos los por qués cuando nos parece que no podemos obtener la victoria sobre un pecado que nos asedia?


Escuche con atención la respuesta de Jesús a Tomás. Tiene todo que ver con nosotros: “Si me conocieseis,  también conocierais a mi Padre ” (Juan 14: 7). Entonces, Felipe responde: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta” (versículo 8). Jesús no podía creer lo que estaba oyendo. Casi se puede oír la incredulidad en su voz cuando responde a Felipe: “Hace ya tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y tú, Felipe, no me has conocido? El  que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo entonces dices: “Muéstranos al Padre”?” (Versículo 9).


En otras palabras: “Tomás, Felipe, mis discípulos preciosos, ¿cómo pueden preguntar esto? Dicen que me  conocen, que somos íntimos; sin embargo, ¿cómo se les ha escapado la revelación que he pasado los últimos tres años entregándoles? ¿Todavía no ven que todos los milagros que hice eran el Padre en mí revelando quién es, cómo es Él y quien quiere ser Él para ustedes? Todo lo que les he enseñado  era de su corazón, no del mío.”


La vida entera de Jesús fue un sermón ilustrado. Día a día, con cada milagro que Jesús realizó y cada parábola que Él enseñó, estaba expresando quién es el Padre. Y envió a su Espíritu Santo para que sus seguidores puedan hacer obras aún mayores y continúen revelando el amor del Padre a las nuevas generaciones.

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