“Pero este es el nuevo pacto que haré con el pueblo de Israel…
Pondré mis instrucciones en lo más profundo de ellos y las
escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y
ellos serán mi pueblo”
Jeremías 31, 33

MANTENIÉNDONOS FIRMES
(Devocional de D. Wilkerson)

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Hay una lectura de la historia que debemos discernir para entender el Plan de Redención programado por YaHWéH para las naciones. Se dice en Gálatas 4, 4:

 

“Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley”

 

En algunas versiones se dice aquí: “pero cuando vino el cumplimiento del tiempo”. En todo caso se trata de la culminación de la historia vista desde la perspectiva del Altísimo: la plenitud, la culminación, la cima. ¿Qué cosa mayor podría suceder en la historia después de la encarnación del Verbo? Nada puede ser mayor que este misterio portentoso que es fundamento de nuestra fe y revela la sabiduría del Plan elaborado por YaHWéH ¡Nada! por grande, importante y trascendente que nos parezca. Y por eso la historia se dividió en dos: a.C y d.C. Por otra parte ya vimos que cuando sea establecido el Reino y quitado el velo a las naciones sobrevivientes, lo que ellas percibirán es que la “casa de Israel” –la descendencia del reino del norte de Israel- fue castigada con el destierro por su apostasía y rescatada por la Misericordia de YaHWéH –Jesús/Yeshua- para ser devuelta a Su tierra. Solo eso quedará claro. Leamos Ezequiel 39, 21-23:

 

“Pondré mi gloria entre las naciones, y todas las naciones verán mi juicio que habré ejecutado… que la casa de Israel fue llevada cautiva por su pecado, por cuanto se rebelaron contra mí…”

 

Y en el versículo 27 se refrenda:

 

”cuando los saque de entre los pueblos… y sea santificado en ellos ante los ojos de muchas naciones…”

 

Es decir, a YaHWéH solo Le interesa dejar claro dos cosas:

 

> que Su pueblo rebelde Israel(Efraín) fue redimido y restaurado a Su tierra –sacado de entre las naciones adonde había sido echado- por Su Poder y Misericordia,

 

> que las naciones –o “muchas naciones”- perciban Su Gloria y Majestad en este hecho que es marca de Su Justicia infinita.

 

El flujo y reflujo de la descendencia de Israel(Efraín) hacia las naciones por su rebeldía y de vuelta a una Sión restaurada por Su Gloria luego de su re-conversión al culto de YaHWéH por el anuncio/evangelio del Reino, es la marea y contramarea que mueve las usinas de los hechos históricos aunque a los ojos humanos estos parezcan enmarañados y confusos. Recordemos que Dios/Elohim ve muy por encima de nuestras circunstancias inmediatas, de nuestros tiempos y cuenta la historia en milenios no en días, años o siglos. Es como el águila que ve en su altísimo vuelo una perspectiva totalizadora del paisaje que a nuestros ojos esta interrumpida por accidentes geográficos o enmarañada flora que no permiten una visión de conjunto. Pero ni montañas ni flora existen para el águila en su vuelo.

 

Y “el cumplimiento del tiempo” señala el momento en que el Altísimo decidió poner en marcha la parte culminante de Su plan de Redención: el rescate de Su pueblo –las tribus de Jacob– de entre las naciones (Is 49, 6). Y entonces nació el Niño engendrado por el Espíritu Santo en el vientre de la jovencísima María/Myriam. Y tan trascendente fue este evento para la historia planetaria que fue visto e interpretado en el Extremo Oriente por los sabios que lo esperaban como un cambio de ciclo definitivo para el mundo y se lanzaron sin dudarlo a una larga travesía para honrar al Niño. Y una estrella los llevo hasta Belén. Es que esto era una revolución planetaria, una divisoria de los tiempos universales: antes de Cristo/Mashíaj de ISRAEL y después de Cristo/Mashíaj de ISRAEL. Y el nacimiento del Niño/Dios encarnado sumado al sacrificio en la cruz y la resurrección era la condición necesaria para limpiar la rebeldía que había llevado a la dispersión de la descendencia de Israel(Efraín) entre las naciones. Y luego del anuncio/evangelio del Reino que ya lleva más de veinte siglos –más de dos días según la cuenta de YaHWéH- había llegado la hora de la contramarea, es decir, de congregar de nuevo a una Sión restaurada por Su Gloria a Su pueblo desterrado. Pero antes debían de ser hecho el anuncio de estas cosas a todas las naciones y todo el tiempo de ese anuncio/evangelio del Reino es para Dios/Elohim un “hoy” constante. Se dice en Hebreos 3, 12-13:

 

“… Asegúrense de que ninguno de ustedes tenga un corazón… incrédulo… Adviértanse unos a otros todos los días mientras dure ese «hoy», para que ninguno… se endurezca contra Dios”

 

Es decir, la plenitud o culminación del tiempo histórico de Dios/Elohim determinado por la encarnación, nacimiento, sacrificio y resurrección del Hijo de Dios/Elohim se convirtió un “hoy”- en algunas versiones con mayúscula: ‘HOY’- perenne en el que todavía estamos. Los siglos de la Gracia son un “hoy”, un tiempo detenido en el reloj de YaHWéH para proceder a recoger las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mat 14, 24) que llevan la marca del bautismo. El cristianismo y la expansión del cristianismo en las naciones, son para YaHWéH un “hoy” continuo que está a punto de terminar. Y así se habla en Romanos 11, 25 del tiempo en que se complete el número de la “plenitud de los gentiles” –y este número lo conoce solo el Padre- cuando todas las ovejas que serán retornadas a la Sion venidera sean marcadas. Entonces la mezcla con las naciones será desecha y la descendencia redimida/justificada del justo Abraham regresará a su tierra que será llena de Gloria.

 

Este y solo este evento es el que focaliza Dios/Elohim –YaHWéH- en los últimos veinte siglos y aun antes, desde el 722 a.C.. Por eso cuando se corra el velo que hoy entenebrece su visión, las naciones sobrevivientes de la Ira podrán percibir un Reino de Gozo, Paz y Justicia establecido en el lugar que hoy es sinónimo de confrontación extrema pero entonces será Resplandeciente. Será un claro amanecer iluminado por el lucero de la mañana (Ap 22, 16). Y verán y entenderán conmovidos que ha retornado el Mashíaj de ISRAEL, el Gran Rey y Sumo Sacerdote YAHWÉH–TSIDKENU, el Único que puede decir con Autoridad:

 

“Pues yo, el Señor, amo la justicia; odio el robo y la fechoría”. (Is 61, 8)

 

Y en un mundo limpio de corrupción incluso de la naturaleza, que también será restaurada, las naciones andarán a la Luz de Su Gloria. Se dice Habacuc 2, 14:

 

“Así como las aguas llenan el mar, la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del Señor”

 

Este Reino venidero de ISRAEL/JEZREEL, así de maravilloso y repentino, es “la gran montaña que cubrirá toda la tierra” a la que se refiere la profecía de Daniel 2.
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