esperamos con mucho anhelo que él regrese… Él tomará nuestro débil cuerpo mortal
y lo transformará en un cuerpo glorioso, igual al de él
Filipenses 3, 20-21

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson que nos llegó hoy: 5 de julio del 2011:

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Aun hoy, una iglesia triunfante se levanta y emerge después de grandes pruebas de fe. Esta iglesia de los últimos días está saliendo de un largo periodo de aflicción y de “hornos ardientes”.


El Espíritu Santo está obrando para traer a su pueblo a un lugar de completo quebrantamiento. El Espíritu Santo lo está conduciendo hacia la revelación de la debilidad de su propia carne con el fin de mostrarle Su poder. Su pueblo está llegando a lo último de sí mismo, su voluntad obstinada está siendo aplastada hasta que su actitud se convierta en tan solo: «Hágase tu voluntad.» Y a través de todo esto, su pueblo se hace totalmente dependiente del Señor.


¿Describe esto su situación? Tal vez usted ha estado caminando con Jesús durante años y nunca ha encarado una prueba como la que esta enfrente suyo en estos momentos. Las cosas que se avecinan parecen abrumadoras, cosas por las que sólo Dios puede hacer algo al  especto. Usted ha caído en cuenta que solo Él puede sacarlo adelante.


En este momento, los musulmanes se están preparando para un yihad final con el objetivo de «dominar el mundo» para Alá. Campos de entrenamiento islámico se están levantando por todas partes con un mensaje de odio. Sin embargo, el Señor tiene un pueblo en formación, un pueblo que va a usar para enfrentar la ira de este mundo. Él los está entrenando y equipando en su amor, bondad y paz. Nuestro Dios es un Dios de amor. Él no va a usar bombas, ametralladoras o escuadrones suicidas, en cambio, usará a un pueblo vencedor y audaz en la fuerza del Señor y en su tierna misericordia.


En todo el mundo, el pueblo de Dios está experimentando sufrimiento, aflicción y tortura. Estoy seguro de que hay un divino y eterno propósito detrás de la intensidad de estas batallas físicas y espirituales que sufre ahora el verdadero cuerpo de Cristo. «Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras» (Salmo 145:9).


Nuestro Señor ha tenido un plan desde el principio. Dios mismo descendió y tomó la forma y la condición de hombre, viviendo entre los hombres pecadores. Él soportó su odio, sufrió su rechazo, enfrentó impensables reproches y a través de todo nunca se defendió.


Jesús nunca estableció ejércitos vengativos llenos de odio yihadista. No usó armas carnales. En cambio, derribó fortalezas con su poderoso amor y bondad. Nuestro Señor no tenía más que un plan de batalla: tierno amor misericordioso. En efecto, el amor conduce todas sus obras en la tierra. «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación» (2 Corintios 1:3).
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