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“No oyes el alboroto que hacen tus enemigos? ¿No ves que tus arrogantes adversarios se levantan?
Inventan intrigas astutas contra tu pueblo; conspiran en contra de tus seres preciados.
«Vengan —dicen—, exterminemos a Israel como nación; destruiremos hasta el
más mínimo recuerdo de su existencia”
Salmo 83: 2-4


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Hace algunos años, viendo al azar videos en youtube, me encontré por primera vez con el relato de un “milagro eucarístico”, esto es, la demostración de la presencia real de Jesucristo –en cuerpo, sangre, alma y divinidad- en la hostia consagrada de la misa católica. Y esto es desafiante para quien creció en la enseñanza de que el pan y el vino del memorial de la última cena son meros símbolos, aunque muy respetables. Sé del temor y reverencia hacia ellos en los cultos evangélicas. Pero es útil, tal vez por eso mismo, la información que comparto mas abajo.


Desde el punto de vista del significado de las palabras de Jesucristo, especialmente las registradas en el capitulo 6 del evangelio de Juan, no parece haber dos interpretaciones. Leamos Juan 6, 48-56:


“Yo soy el pan de vida,
Vuestros padres comieron el maná
en el desierto, y son muertos…
Porque mi carne es verdadera comida,
y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre,
en mí permanece, y yo en él”


palabras de una sola interpretación incluidas en un contexto mayor que las hace mas penetrantes y difíciles de torcer. Y tanto es así que provocaron el rechazo de muchos de los discípulos que las escucharon. Y el abandono del Maestro por no poder soportarlas.


Y Jesús no les dio opción a otra interpretación e insistió una y otra vez: para permanecer en Él tendrían que masticar Su cuerpo y beber Su sangre. El pasaje es de alta intensidad dramática. O dramático-teológica. Y sabemos que luego Jesús se volvió al núcleo duro de sus discípulos -“los doce”- desafiándolos también a irse y Pedro responde por todos: “Señor, ¿a quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna” (ver 68).

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Y estas señales, que continúan ocurriendo, son hechas en respuesta a la falta de fe de algunos sacerdotes. Esto es un sello adicional muy especial que no hay que pasar por alto. Son milagros para restaurar la fe.


Por estar revestida de objetividad, y porque son declaraciones recientes, ofrecemos a los lectores el testimonio del Dr. Ricardo Castañon, un especialista en el análisis de estas señales que, como él dice, parecen haber sido producidas para estimular el análisis científico de lo que es un dogma de fe. Toda su charla abarca tres videos que se escuchan con permanente interés:
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https://www.youtube.com/watch?v=vZbiqZCZ1RM

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