“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó hoy: 17 de octubre del 2012:

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Cuando el apóstol Pablo miró a las multitudes idólatras en Atenas, su espíritu se conmovió (Vea Hechos 17:16).  Igualmente, cuando yo miro por la ventana de mi apartamento cada noche, viendo las masas en Manhattan, experimento lo que Pablo sintió. Veo muchos edificios hermosos – desde el horizonte de Midtown Manhattan hasta la Estatua de la Libertad – sin embargo, todos ellos parecen lápidas! Están repletos de muertos vivientes, multitudes de personas que están muriendo y se van al infierno. Tengo que clamar a diario: “¡Señor, te necesitamos! Nosotros no podemos hacer nada para alcanzar a estas personas sin Tu dirección y sin Tu poder!”


Jesús sabía todo lo que Su iglesia enfrentaría en la actualidad, la oposición abrumadora, los muchos obstáculos. Y Él sabía exactamente lo que le acontecería a nuestra sociedad. Él sabía que habría un derrumbe moral, que la humanidad iría de mal en peor, y que un diablo enojado arrojaría un río infernal contra Su Iglesia.


Jesús no habría enviado a sus discípulos sin que Él supiera que el poder dado a ellos sería más que suficiente para satisfacer cada necesidad y oposición. Estos hombres que habían corrido de miedo cuando los soldados vinieron por Él, eran tímidos, temerosos, inexpertos y no calificados. Sin embargo, Jesús sabía que estos hombres –cuando se rindieran completamente al Espíritu Santo- harían milagros, pondrían en fuga demonios, y vencerían cada adversario y desafío.


Creo que las palabras de Jesús a sus discípulos desvalidos aplican a nosotros hoy: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos…hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:49).


Jesús estaba diciendo, en esencia: “Si ustedes tratan de evangelizar en su propia fuerza, en poco tiempo caerán de bruces. Conozco las batallas y los obstáculos que enfrentan y les daré un poder mayor que cualquier otro en el universo. Serán capaces de pararse frente a reyes, príncipes, gobiernos. Tendrán autoridad sobre demonios y principados. Pero no pueden hacer nada por Mí, a menos que estén llenos del Espíritu Santo.”

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