“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el 24 de diciembre de 2013:

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Cuando le das tu corazón a Jesús, ganas una gran batalla. Los poderes del infierno son derrotados, despojándosele a Satanás el botín que tomó de ti cuando gobernaba tu vida. Pero después, mientras estás aun brillando con la victoria espiritual y la libertad, dos reyes te esperan – los mismos dos reyes que esperaban a Abram en Génesis 14:17-24.


Abram enfrentó una tentación tan fuerte, como pocos seres humanos han experimentado. Delante de él había una oferta de riquezas, bienes materiales y fama, pero él no tuvo que pensar dos veces acerca de su decisión. Su respuesta a la oferta del rey de Sodoma fue un rápido y claro “NO”. ¿Por qué? Porque lo que más le importaba a Abram era preservar la reputación de Dios, no la suya. En efecto, él le estaba diciendo al rey de Sodoma: “Voy a dejarte todas estas cosas para ti – el pueblo, las riquezas, todo, porque, de todas formas, mi Señor es dueño de todo. Si Él decide hacerme rico, que así sea. Pero no quiero que llegues a jactarte de haberme hecho rico”.


¿De dónde obtuvo Abram tal desprendimiento del mundo, tal independencia, que fue capaz de rechazar de plano la oferta del diablo de las bendiciones materiales? Queda claro por la Escritura que Abram obtuvo su fuerza de una revelación fresca de quién es Dios. Melquisedec había abierto los ojos de Abram a una asombrosa visión del carácter de Dios: “[Melquisedec] le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo…que entregó tus enemigos en tu mano” (Génesis 14:19-20).


Incrustado en este versículo, está un nombre para Jehová: El Elyon. Esto significa, literalmente: “Dios Altísimo, creador y poseedor de los cielos y de la tierra”. Melquisedec estaba declarando a Abram: “Tu Señor no es sólo Dios por encima de todos los demás dioses, Él es el creador de todo el universo. Todo lo que hay dentro de éste, le pertenece a Él – toda la riqueza, todo el ganado y todas las posesiones. Él está en control de todo lo que ves a tu alrededor”.

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