“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó hoy: 2  de enero del 2012:

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“Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de parte de Dios, ataviada como una esposa hermoseada para su esposo….Entonces vino a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras y habló conmigo, diciendo: «Ven acá, te mostraré la desposada, la esposa del Cordero.»” (Apocalipsis 21:2, 9).


¡Ésta es una imagen hermosa de la iglesia de Jesucristo en los últimos tiempos! La gran ciudad santa que descendió del cielo es su novia sin mancha -la iglesia vencedora sentada a su diestra en lugales celestiales. Esta iglesia está cimentada en las verdades del evangelio de los doce apóstoles. Y se encuentra rodeada por murallas y puertas que alejan todo aquello que es impuro y que no debe tener cabida. ¡La reina se para frente al novio, la boda está por comenzar, y de pronto se escucha la voz de un tercero! La reina revestida de oro es honrada, favorecida, bellamente decorada, y ahora se para a la diestra de su Amado. El matrimonio está por llevarse a cabo. Pero antes de que la ceremonia inicie una voz le suspira una advertencia a la novia: “¡Oye, hija, mira e inclina tu oído!…” (Salmo 45:10).


Yo creo que esta voz es la del Espíritu Santo, advirtiéndoles a todos aquellos que son llamados en Su nombre. Él le está hablando una palabra a los vencedores – a aquéllos que están muy enamorados de Jesús – “Escucha, considera.” Esta voz viene a la novia en los momentos finales, justo antes de que el matrimonio sea consumado.


Ahora, usted debe comprender que la reina ya ha sido escogida. Su corazón ha sido conquistado por el novio. Ella ha abandonado su hogar, su familia, su país, y se ha comprometido con Él. Ella está llena de gozo porque ama apasionadamente al Rey.


Entonces, déjeme preguntarle: ¿Usted se considera escogido por el Señor? ¿Es usted la niña de Sus ojos, redimida y cubierta con su sangre? ¿Lo ama con todo su corazón? ¿Ha dejado al mundo entero, a su pasado, por Él? “Él es mío y yo estoy comprometida con Él. ¡Señor, yo te amo con todo mi corazón!” ¿Puede usted decir esto?


Mi punto es este: Si usted quiere ser la novia de Cristo, a usted le debe importar más allá de escapar simplemente del infierno. En su lugar, ¡usted debe desear no estar ausente del gran día de la boda! Usted debe estremecerse con el puro pensamiento de no ser Su novia- de no ser estar con Él, de no pasar la eternidad con Él.
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