“En los días venideros —dice el Señor—, el pueblo de Israel
volverá a su hogar junto con el pueblo de Judá. Llegarán
llorando en busca del Señor su Dios. Preguntarán por el
camino a Jerusalén y emprenderán el regreso a su
hogar. Se aferrarán al Señor con un pacto
eterno que nunca se olvidará”
Jeremias 50, 4-5

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el 4 de setiembre de 2013:

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El diablo tiene una estrategia para engañar a los creyentes y hacerlos dudar de la fidelidad de Dios en responder a la oración. Satanás quiere hacernos creer que Dios ha cerrado Sus oídos a nuestro clamor y ha dejado que resolvamos las cosas por nosotros mismos.


Creo que la mayor tragedia en la iglesia de Jesucristo hoy en día es que muy pocos creen en el poder y la eficacia de la oración. Sin intención de blasfemar, multitudes en el pueblo de Dios se pueden oír reclamando: “Oro, pero no obtengo respuesta. He orado por tanto tiempo, arduamente, sin ningún resultado. Solo quiero ver una pequeña evidencia de que las cosas están cambiando. Pero las cosas siguen como siempre, no sucede nada. ¿Cuánto tiempo debo esperar?” Ya no visitan el aposento secreto, porque están convencidos deue sus peticiones, nacidas en la oración, no llegan al trono. Otros están convencidos de que sólo personas del tipo Daniel, David y Elías consiguen que sus oraciones lleguen a Dios.


Con toda honestidad, muchos santos de Dios batallan con estos pensamientos: “Si el oído de Dios está abierto a mi oración y oro diligentemente, ¿Por qué hay tan poca evidencia de que Él está respondiendo?” ¿Hay alguna oración que has estado orando durante mucho tiempo, y que aún no ha sido contestada? ¿Han pasado incluso años y todavía aguardas con esperanza, sin embargo, con interrogantes?


Tengamos cuidado de no acusar a Dios, como lo hizo Job, de ser perezoso y despreocupado de nuestras necesidades y peticiones. Job se quejó: “Clamo a ti, y no me oyes; me presento, y no me atiendes.” (Job 30:20).


La visión de la fidelidad de Dios estaba nublada por sus dificultades. Él terminó acusando a Dios de olvidarlo y Dios le reprendió duramente por ello.


Es hora de que los cristianos le demos una mirada honesta a las razones por las que nuestras oraciones son abortadas. Podemos ser culpables de acusar a Dios de negligencia, cuando todo el tiempo nuestra propia conducta es responsable.


“Espera en Jehová, y guarda su camino, y él te exaltará para heredar la tierra” (Salmo 37:34)

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