“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el enero 23 de 2014:

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Si tú tienes hambre y sed de la plenitud de Cristo, Satanás te declarará abiertamente la guerra. Cuando él vea la evidencia de que tu compromiso es real, tu diligencia en la oración y tu negación a ti mismo, usará todas las armas del infierno para tratar de destruir tu testimonio. ¿Por qué? ¡Porque tu testimonio es la respuesta de Dios a la apostasía y a la ruina!


De esto se trataba el horno de fuego en el libro de Daniel. Satanás maquinó un elaborado plan para destruir el único testimonio del poder de Dios que quedaba en Babilonia. Culminó en un horno al rojo vivo, diseñado para matar toda prueba viviente de la verdad del evangelio de Dios (ver Daniel 3).


Tres jóvenes israelitas piadosos sirvieron en las oficinas del alto gobierno en Babilonia, hombres que fueron testimonios visibles del Evangelio que predicaban. Ellos se habían apartado del estilo de vida sensual de Babilonia, para comprometer sus vidas a la oración. Estos tres hombres no eran profetas o sacerdotes, sino laicos que permanecieron fieles a Dios y eran puros de corazón en medio de las masas idólatras.


Por supuesto, esto desató la ira de Satanás, y él entró en el corazón del perverso rey de Babilonia. El rey erigió una enorme estatua de oro y la declaró “dios oficial de la nación”, un objeto para ser adorado. Luego, convocó a todos los oficiales y sirvientes de todas las naciones bajo el dominio de Babilonia para presentar la nueva religión. Cuando comenzó la música ceremonial, todos debían arrodillarse ante este nuevo dios.


Satanás también llevó al rey a construir un inmenso horno de ladrillos y a calentarlo tanto que las llamas candentes fueran visibles para todos. ¿Por qué hizo Satanás? De hecho él sabía que no había ningún gobernador, juez o alguacil en toda Babilonia que se oponga al nuevo decreto. Ellos no necesitaban ser seducidos o amenazados.


De hecho, todos ellos deben haber estado atónitos, preguntándose: “Oigan, ¿quién quiere hacer olas? Nos está yendo muy bien; tenemos prosperidad, comida y bebida: la gran vida. Y esta nueva religión es fácil para el alma. ¿Quién querría renunciar a todo esto?”


Así que, ¿de qué se trataba el horno de fuego? Fue obra de Satanás en su totalidad, una artimaña manipulada por él para destruir a los tres jóvenes. ¡Él quería acabar con el único testimonio de Dios que quedaba en Babilonia! Los tres jóvenes respondieron a la orden del rey: “He aquí nuestro Dios a
quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará” (Daniel 3:17).

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