“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el enero 22 de 2014:

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Israel, en los días del profeta Ezequiel era lascivo y orgulloso. Los hombres cometían abominaciones con las esposas de sus vecinos e incluso contaminaban a sus nueras. Los profetas que alguna vez fueron santos, se convirtieron en apóstatas y ya no discernían entre lo santo y lo profano. Los líderes de la nación se volvieron lobos voraces, buscando ganancias deshonestas, derramando sangre, hablando mentiras e imponiendo cargas a los pobres.


Israel se olvidó de los caminos de Dios y la nación se hizo tan débil, mundana y sin poder que Dios hizo de ellos el hazmerreír del mundo secular. Él dijo: “Te he dado en oprobio a las naciones, y en escarnio a todas las tierras” (Ezequiel 22:4).


¡Qué acusación más severa! Dios le estaba diciendo a Israel: “¡Ustedes han despreciado tanto las cosas santas, entregándose por completo a la lujuria, que voy a tener que quitar su testimonio!”


Ezequiel era un hombre mayor en aquél entonces, pronto para partir de la escena. Así que, ¿cómo trató Dios con esta situación? Le dijo a Ezequiel: “Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo
hallé” (versículo 30).


¡Imagínatelo! El destino de Israel descansaba en que Dios pudiera hallar un solo hombre confiable, justo. Sin embargo, Él le dijo a Ezequiel: “No encontré ninguno. Por lo tanto, he derramado sobre ellos mi ira” (versículos 30-31).


Dios le dijo lo mismo al profeta Jeremías: “Recorred las calles de Jerusalén…buscad…si halláis hombre, si hay alguno que haga justicia, que busque verdad; y yo la perdonaré”(Jeremías 5:1). Él le dijo al profeta: “Voy a perdonar a la nación entera si pudiera encontrar tan solo a un hombre que se ponga de pie en la brecha. ¡Todo lo que necesito es sólo un alma que esté totalmente rendida a Mi voluntad!”


Amados, hoy escuchamos un “Babel” de voces en la iglesia clamando por formas más relevantes y contemporáneas de alcanzar el mundo. Y se están ensayando muchos programas extraños y carnales. Sin embargo, en mis muchos años de ministerio, he visto estos tipos de programas venir e irse. Se apoyan totalmente en apaciguar la carne, no teniendo nada que ver con la cruz. Las multitudes que atraen viven vidas vacías, insatisfechas y nunca han sido expuestas al Evangelio de separación del mundo y de sus deseos. El mundo se burla de estos programas, tildándolos de mera necedad.

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