“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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En estos días se busca una explicación “científica” para la Estrella de Belén y se menciona conjunciones y movimientos de planetas que los magos/sabios de oriente habrían “confundido” con esa extraordinaria luminaria. Ya estudiamos en la revelación inspirada inscripta en las constelaciones que ellas son señales del Plan de Redención de Dios/Elohim -YaHWéH- establecido desde antes de la fundación del mundo. Y por eso no es extraño que en días cercanos al nacimiento del Niño haya habido una hermosa conjunción de Venus y Júpiter en la constelación de Leo/León, muy cerca de la estrella Régulus/Reyecito. Y también una iluminación especial en la constelación de Virgo/Virgen al amanecer.


Ahora bien ¿fue eso todo?


Por supuesto que no. Comencemos por decir que los magos/sabios de oriente -no se dice que fueran “reyes”- eran expertos conocedores de los cielos, eruditos en la ciencia de los astros. Ellos no “confundirían” conjunciones o movimientos de astros en la faja zodiacal con un lucero guía que les indicó exactamente el lugar en donde estaba el Niño. Una sucesión de conjunciones en el cielo no pueden indicar un lugar preciso en la tierra: una casa o un portal. Observemos que al llegar los sabios a Jerusalém fueron convocados a la corte del rey Herodes y allí se consultó a los principales sacerdotes y escribas sobre cual sería el lugar en donde debía de nacer el Mesías/ Meshiaj de ISRAEL  ¿Y la Estrella en donde estaba en ese momento?, es evidente que si los magos/sabios de oriente la estuvieran viendo no hubiera sido necesario la consulta a los sacerdotes y escribas:


“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo  Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:

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Y tú, Belén, de la tierra de Judá,
No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
Porque de ti saldrá un guiador,
Que apacentará a mi pueblo Israel.

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Vemos que la pequeña ciudad o villa en que debía de nacer el Mesías/Meshiaj fue indicada a los sabios de oriente por los sacerdotes y escribas de la corte de Herodes, NO por la Estrella. Y solo cuando, siguiendo esa indicación, se dirigieron a Belén volvieron a ver la Estrella que los guió hasta el lugar exacto en donde estaba el Niño.

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Se dice:


“Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo” (Mateo 2:10)


Es decir, los hechos bien podrían haber sucedido de este modo: la Estrella hizo su anuncio en oriente a los magos/sabios y luego dejó de verse. Entonces los magos/sabios partieron hacia Jerusalem porque sabían por otros indicios (por ejemplo, por las enseñanzas del profeta Daniel que fue “jefe de astrólogos” en sus días) que el Niño nacería en Canaan/Palestina. Y cuando allí llegaron, luego de un largo viaje, fueron informados por los “principales sacerdotes y los escribas” (Mateo2:5) convocados por Herodes sobre cual era la ciudad en donde debían buscar al Niño. Entonces reiniciaron su viaje y, en el camino a Belén, “volvieron a verla” -a la Estrella- y esta vez los guió exactamente a la casa en donde estaba el Niño. La Palabra dice que “se regocijaron” al verla nuevamente, lo que parece indicar que habían anhelando su manifestación en los cielos desde hace tiempo.

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Ahora bien, este comportamiento de la Estrella poco o NADA tiene que ver con movimientos de astros en la faja zodiacal. Sin duda los hubo formando hermosas conjunciones ricas en significados en días anteriores o posteriores al Nacimiento (porque las tales conjunciones requieren tiempo, no un solo día,  para formarse sucesivamente). Pero para la cabal interpretación del texto se hace necesario considerar la irrupción de un hecho ajeno a esas evoluciones celestiales que nos provee la astronomía ordinaria. Es decir, hace necesario reconocer un evento especial y extraordinario.

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Repasemos un acontecimiento impresionante también ocurrido en ocasión del nacimiento del Niño:


“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.  Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas”
Lucas 2:8-14


Este pasaje es bien conocido pero ¿meditamos en lo que allí se esta diciendo?: los pastores tuvieron gran temor reverente al ser rodeados por resplandor celestial. ¿Nos causa la misma conmoción espiritual este relato que leemos muchas veces como una historia para niños? No es para niños, aquí se nos dice que un ángel envuelve a humildes pastores con la gloria del Señor -¡waaaaaw! – a la vez que les anuncia algo extraordinario:

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“…os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”

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¡Imaginemos la escena!: un ángel de aspecto temible -por su naturaleza sobrenatural- diciendo estas palabras grandiosas a humildes pastores. Y luego les indica en donde podían encontrar al Niño para adorarlo. Y, para terminar, ¡una multitud de las huestes celestiales se hicieron visibles y prorrumpieron en alabanzas en lenguas angélicas! ¿No es este uno de los pasajes más conmovedores y relevantes vinculados a la Navidad? A mi me parece más impresionante que la aparicion de la Estrella. A los magos/sabios de oriente se les dio como señal una Estrella -un lucero guía- pero este extraordinario evento protagonizado por pastores ante quienes se abrieron los cielos esta dirigido a creyentes de a pie, esto es, a los que nos movemos en el llano. ¿Creemos que el cielo se abrió ante los pastores y un ángel descendió desde ellos? Si lo creemos ¿porque no creer que el mismo Dios que envió a los ángeles pudo hacer que se manifestase un lucero guía?. Si confesamos a Aquel que es Creador de los cielos y la tierra ¿es tan difícil creer que hubo una luminaria especial además de las conjunciones del cronometro celestial que no negamos? ¿Será este lucero guía algo imposible de crear para un Dios Todopoderoso que creó cielos y tierra?


La Estrella de Belén fue entonces una luminaria especial destinada a hacer conocer el nacimiento del Niño y guiar hasta Él a los magos/sabios de oriente a la vez que un ángel y un coro de multitud de ángeles en el cielo anuncian el mismo evento a unos humildes pastores. Ambas cosas tienen el mismo destaque e importancia y señalan/anuncian el misterio fundacional de nuestra fe:

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“E indiscutiblemente,
grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne…”
1 Timoteo 3:16

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