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“… llegará el día cuando el pueblo de Israel será como la arena
a la orilla del mar,
¡imposible de contar! Así que en el lugar
donde se les dijo: “Ustedes no son mi pueblo”, se dirá:
“Ustedes son hijos del Dios viviente”. Entonces los
pueblos de Judá e Israel se unirán, elegirán un
solo líder y regresarán juntos del destierro.
Qué gran día será —el día de Jezreel—
cuando Dios plantará de nuevo a su
pueblo en su tierra”
Oseas 1: 10-11

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el  20  de marzo de 2013:

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El Antiguo Testamento se cierra con esta asombrosa profecía de Malaquías: “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.” (Malaquías 4:5-6).


Esta profecía se cumplió en gran medida en el ministerio de Juan el Bautista. Un ángel se le apareció al padre de Juan y profetizó que su hijo iba a convertir a muchos en Israel al Señor, y que iría “delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.” (Lucas 1:17).


Jesús, hablando a sus discípulos acerca de Juan el Bautista, dijo: “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir” (Mateo 11:14). Y añadió: “El que tiene oídos para oír, oiga” (Versículo 15). Yo creo que Jesús estaba pidiendo que vean el significado espiritual de la venida de Juan, como fue profetizado, en el espíritu y poder de Elías.


Juan fue ungido con el mismo Espíritu valiente y el poder que estaba sobre Elías. Él habló abiertamente acerca de los pecados de desobediencia y búsqueda de placer de la gente de su época. Cristo estaba a punto de aparecer y este poderoso hombre de la verdad apareció de pronto en escena para preparar un pueblo para el Señor. Este profeta del desierto fue enviado para hacer volver los corazones de la gente (que es la verdadera definición de arrepentimiento) al Señor. Juan predicó arrepentimiento, restitución, pureza de corazón, justicia, y un caminar práctico de santidad que corresponda con una abierta confesión de pecados.


Creo que el profeta Malaquías, así como otros profetas del Antiguo Testamento, hablan de un grupo de personas santas que se levantarían justo antes de la segunda venida de Cristo. Ellos ministrarán bajo el mismo Espíritu y poder que descansaba sobre Elías y Juan el Bautista.


Este grupo de creyentes tipo Elías de los últimos días prestarán oído a la profecía de Isaías: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado” (Isaías 58:1). Estos son los guardas sobre los muros que “todo el día y toda la noche no callarán jamás…ni le [darán] tregua, hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra.”(Isaías 62:6-7).

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