“En los días venideros —dice el Señor—, el pueblo de Israel
volverá a su hogar junto con el pueblo de Judá. Llegarán
llorando en busca del Señor su Dios. Preguntarán por el
camino a Jerusalén y emprenderán el regreso a su
hogar. Se aferrarán al Señor con un pacto
eterno que nunca se olvidará”
Jeremias 50, 4-5

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el  31  de enero de 2013.

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“Sin embargo, si ustedes me obedecen, y en el día de reposo no meten ninguna carga por las puertas de esta ciudad, sino que el día de reposo lo santifican y no hacen ningún trabajo en él, Palabra del Señor, los reyes y los príncipes que ocupan el trono de David entrarán por las puertas de esta ciudad en carros y en caballos, lo mismo que sus príncipes, los varones de Judá y los habitantes de Jerusalén. Y esta ciudad será habitada para siempre.”(Jeremías 17:24-25).

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Creo que este pasaje es profético acerca Cristo y de su iglesia.


Sabemos que Cristo es la simiente de David. Y sabemos que Él se sienta como rey en el trono de David. Pero ¿quiénes son los reyes y príncipes que Jeremías describe aquí, y los habitantes de Jerusalén montando a caballo y en carros?


Nosotros somos esa gente y se nos ha dado una increíble promesa: Dejando todas nuestras cargas sobre aquel que las debe cargar, viviremos en paz para siempre, libres de toda esclavitud. En efecto, el mandato de Jesús acerca de poner nuestras cargas sobre Él, no es una opción. Tenemos que hacerlo como un asunto de confianza en Él.


“Sin embargo, si no me escuchan y se niegan a guardar como sagrado el día de descanso, y si ese día pasan mercadería por las puertas de Jerusalén como si fuera cualquier otro, entonces quemaré estas puertas. El fuego se extenderá a los palacios y nadie podrá apagar las llamas rugientes” (versículo 27).


El profeta está diciendo: “Si no obedeces el mandato de Dios de dejar de llevar tus cargas, terminarás siendo consumido por ellas.” Trágicamente, esto describe muchos creyentes hoy en día. Algunos casi no pueden dormir por la noche porque nunca dejan de pensar en sus problemas. Reviven las cosas una y
otra vez en su mente, preguntándose: “¿Qué hice mal? ¿Cómo puedo hacer las cosas bien?”


Cuando despiertan, sus mentes van directamente a sus cargas, en la ducha, mientras se visten y, luego en la mesa del desayuno. En el momento en que salen por la puerta principal, están tan agobiados que ni siquiera pueden sonreír.


¡Tales cristianos no conocen ni una hora de reposo en Jesús… ese descanso que Él da libremente!

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