“…mientras los apóstoles estaban con Jesús, le preguntaron con insistencia: —Señor, ¿ha llegado ya el tiempo
de que liberes a Israel y restaures nuestro reino?
(1) Él les contestó: —Solo el Padre tiene la autoridad
para fijar esas fechas y tiempos… pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes…
Después de decir esto, Jesús fue levantado en una nube mientras ellos observaban, hasta que ya no
pudieron verlo. Mientras se esforzaban por verlo ascender al cielo, dos hombres vestidos con túnicas blancas… se pusieron en medio de ellos. «Hombres de Galilea… ¿por qué están aquí parados, mirando
al cielo? Jesús fue tomado… ¡pero un día volverá… de la misma manera en que lo vieron irse!
Hechos 1: 9-11

(1) obsérvese que la pregunta de los discípulos fue sobre el tiempo de restauración del REINO DE ISRAEL no sobre el fin del mundo. Primero sería necesario predicar el anuncio del REINO a todas las naciones para congregar al Israel disperso -las tribus de Jacob o Efraín- y luego vendría el fin de este mundo y la restauración del REINO DE ISRAEL que estará compuesto por un remanente del Israel disperso más un remanente de Judá. Este ISRAEL venidero es también llamado ISRAEL DE DIOS o JEZREEL y está muy próximo.

…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12


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“Y guiaré a los ciegos
por camino que no sabían,
les haré andar por sendas
que no habían conocido;
delante de ellos cambiaré
las tinieblas en luz,
y lo escabroso en llanura.
Estas cosas les haré,
y no los desampararé”
(Isaías 42:16)

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Pocas cosas –excepto la resurrección- ejemplifican mejor los milagros de Jesús/Yeshua que dar vista a los ciegos. Y en varios pasajes de las escrituras se afirma que YaHVéH dará vista a los ciegos. Cuando recibimos a Jesús/Yeshua en nuestro corazón los que éramos ciegos espirituales somos introducidos de pronto en la eternidad. Y se abre ante nuestros ojos recién abiertos un paisaje que ni siquiera imaginábamos: “Delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz”. Las sombras de la muerte quedan de pronto iluminadas por la Luz de la resurrección. Y los fracasos y tropiezos de esta vida limitada son endulzados por la perfección prometida para cuando “despertemos a nuestra semejanza” con el Hijo, en el Reino. Se lee en Isaías 35:4-5:


“Decid a los de corazón apocado:
¡Esforzaos, no temáis!
He aquí que vuestro Dios viene
con retribución, con pago;
Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos
y destapados los oídos de los sordos”
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Y este anuncio del advenimiento del Mesías y sus maravillosas consecuencias también se describe así en Isaías 42:7:

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“…para que abras los ojos de los ciegos,
para que saques de la cárcel a los presos
y de casas de prisión a los que moran en tinieblas”

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Es que la distancia entre este mundo y el venidero/athid lavo es la misma que existe entre un ciego y quien tiene ojos sanos. Vamos hacia ese inefable despertar pero entretanto vivimos en “casas de prisión” a la espera de que se abran puertas y ventanas -caigan los muros- al influjo de Su Luz admirable:

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“Pero vosotros sois linaje escogido,
real sacerdocio,  nación santa,
pueblo adquirido por Dios,
para que anunciéis las virtudes
de aquel que os llamó de las tinieblas
a su luz admirable”.
1Pedro 2:9

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