“…muchos vendrán en mi nombre y afirmarán: “Yo soy el Mesías”, y engañarán a muchos.
Oirán de guerras y de amenazas de guerras, pero no se dejen llevar por el pánico… esas cosas
deben suceder, pero el fin no vendrá inmediatamente… Una nación entrará en guerra con otra…
Habrá hambres y terremotos… Sin embargo, todo eso es solo el comienzo
de los dolores del parto, luego vendrán más”
Mateo 24: 4-8

…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12


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“Y guiaré a los ciegos
por camino que no sabían,
les haré andar por sendas
que no habían conocido;
delante de ellos cambiaré
las tinieblas en luz,
y lo escabroso en llanura.
Estas cosas les haré,
y no los desampararé”
(Isaías 42:16)

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Pocas cosas –excepto la resurrección- ejemplifican mejor los milagros de Jesús/Yeshua que dar vista a los ciegos. Y en varios pasajes de las escrituras se afirma que YaHVéH dará vista a los ciegos. Cuando recibimos a Jesús/Yeshua en nuestro corazón los que éramos ciegos espirituales somos introducidos de pronto en la eternidad. Y se abre ante nuestros ojos recién abiertos un paisaje que ni siquiera imaginábamos: “Delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz”. Las sombras de la muerte quedan de pronto iluminadas por la Luz de la resurrección. Y los fracasos y tropiezos de esta vida limitada son endulzados por la perfección prometida para cuando “despertemos a nuestra semejanza” con el Hijo, en el Reino. Se lee en Isaías 35:4-5:


“Decid a los de corazón apocado:
¡Esforzaos, no temáis!
He aquí que vuestro Dios viene
con retribución, con pago;
Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos
y destapados los oídos de los sordos”
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Y este anuncio del advenimiento del Mesías y sus maravillosas consecuencias también se describe así en Isaías 42:7:

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“…para que abras los ojos de los ciegos,
para que saques de la cárcel a los presos
y de casas de prisión a los que moran en tinieblas”

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Es que la distancia entre este mundo y el venidero/athid lavo es la misma que existe entre un ciego y quien tiene ojos sanos. Vamos hacia ese inefable despertar pero entretanto vivimos en “casas de prisión” a la espera de que se abran puertas y ventanas -caigan los muros- al influjo de Su Luz admirable:

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“Pero vosotros sois linaje escogido,
real sacerdocio,  nación santa,
pueblo adquirido por Dios,
para que anunciéis las virtudes
de aquel que os llamó de las tinieblas
a su luz admirable”.
1Pedro 2:9

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