“En los días venideros —dice el Señor—, el pueblo de Israel
volverá a su hogar junto con el pueblo de Judá. Llegarán
llorando en busca del Señor su Dios. Preguntarán por el
camino a Jerusalén y emprenderán el regreso a su
hogar. Se aferrarán al Señor con un pacto
eterno que nunca se olvidará”
Jeremias 50, 4-5

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el 26 de diciembre de 2013:

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“Te probé junto a las aguas de Meriba” (Salmos 81:7).


En verdad no sabemos lo que hay en nuestros corazones (ver Jeremías 17:9). No importa cuántos años hayamos caminado con el Señor, cuántas horas hayamos orado o cuánto conocimiento bíblico hayamos adquirido. Si Dios ve en nosotros
algo que no es de fe, un área que no le hemos confiado para que nos dé el poder para vencer, Él nos llevará a Meriba (un lugar de prueba). Nos pondrá en una situación que es humanamente imposible y seremos severamente probados.


Puede ser que tú honestamente creas que tienes un corazón amoroso hacia todos tus hermanos y hermanas en Cristo. “El Señor me ha dado la capacidad de amar a todos”, testificas, pero Él sabe que tienes un problema en un área. Pierdes los papeles cuando alguien abusa de tu amor o de tus actos de bondad. Cuando esto sucede, tú llevas un continuo dolor y resentimiento por dentro, sin embargo, continúas diciendo que amas a esa persona.


¿Cómo trata Dios con ese tipo de hipocresía en ti? Él te lleva a un lugar de prueba. Él permite un medio, ¡un cristiano, en tus propias narices! De repente, te encuentras orando: “Señor, ¿por qué trajiste a esa persona a mi vida? ¡Es un aguijón en mi carne! He tratado de servirte con fidelidad, ¡pero lo único que obtengo a cambio es este abuso!”


¡El Señor te tiene en Meriba! Él está tratando de perfeccionar algo en ti. Él quiere que tú seas capaz de levantarte en tu situación y gritar: “Yo sé que mi Dios está conmigo. Mis pasos son ordenados por Él ¡y Él me llevará a través de todo mi dolor y angustia!”


Dios te ha traído a Meriba, pero no es el final. Él no te ha abandonado, así que, ¡no te rindas, no dejes de agarrarte! El Señor está buscando fe, quiere saber lo que hay en tu corazón. Él sabe cómo satisfacer tus necesidades. ¡Él sólo quiere que confíes en Él!

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