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“Por fin han llegado la salvación y el poder, el reino de nuestro Dios, y la autoridad
de su Mashiáj. Pues el acusador de nuestros hermanos —el que los acusa
delante de nuestro Dios día y noche— ha sido lanzado a la tierra.
…Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…
Apocalípsis 12, 10-12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó hoy: 13 de setiembre del 2012:

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Dios vino a Jacob en un sueño y le dijo “Vuélvete a Bet-el, el lugar donde te conocí y construye un altar allí, como prometiste que lo harías” (vea Génesis 28:10-22 y 31.13).


Jacob había oído una palabra clara de Dios, y actuó en completa obediencia a esa palabra. Él sabía que Dios lo guardaría, estaría con él y cumpliría Su plan. Sin embargo, Jacob enfrentó un peligro que lo llevó al borde de la destrucción.


Él iba a volver a enfrentarse a su hermano Esaú, y a su padre Isaac, a quienes había engañado. En un momento, llegó un mensajero a Jacob, advirtiéndole: “Esaú viene hacia aquí con un ejército de 400 hombres. ¡Él está tratando de hacerte daño!”


La escritura dice que “Entonces Jacob tuvo gran temor…” (Génesis 32.7). Rápidamente dividió su pueblo en dos grupos, pensando: “Si Esaú mata un grupo, al menos el otro puede escapar”. Sin embargo, incluso en la experiencia más terrible de su vida, vemos pruebas del corazón contrito y destrozado de Jacob:


“Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien; menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos.”


“Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera la madre con los hijos. Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud.” (Génesis 32:9-12)


Jacob se estaba sujetando al Pacto que Dios había hecho con él. Estaba diciendo en esencia: “Señor, Tú me hiciste una promesa. Sé que no soy digno de ella, pero Tú dijiste que irías conmigo. Pero ahora estoy a punto de perderlo todo. No estoy atribuyéndome ninguna bondad de mi parte, pero te amo y te estoy obedeciendo, así que, ¿Dónde está tu pacto Dios?


Al final de su vida, Jacob, un hombre con un corazón contrito pudo mirar hacia atrás y decir “cuando mi hermano Esaú me amenazó, parecía que mi vida había terminado pero Dios me saco de ahí. ¡Mi Señor estaba allí todo el tiempo!

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