+

“Pon tu esperanza en el Señor y marcha con paso firme por su camino. Él te honrará al darte la tierra…
He visto a gente malvada y despiadada florecer como árboles en tierra fértil. Pero cuando volví
a mirar, ¡habían desaparecido… no pude encontrarlos! El Señor rescata a los justos;
él es su fortaleza en tiempos de dificultad… Él salva a los justos,
y ellos encuentran refugio en él”
Salmo 37, 34-40


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

+

+

+

En el año 1.010 A.C. David consiguió unificar a las doce tribus de Israel -luego del traumático reinado de Saúl- e hizo de Jerusalem, la ex-fortaleza de los jebuseos, la capital de un reino unificado. Su reinado definió el ISRAEL arquetípico -llamado por Amos el “Tabernáculo de David”- galardonado por victorias en el campo de batalla y gran renombre internacional. Luego de varias intrigas palaciegas, a la muerte de David, el reino pasa a manos de Salomón, hijo de David con Betsabé. El joven rey, pidiendo sabiduría al cielo, logra elevarlo a un mayor esplendor y reconocimiento internacional. Pero, luego de la muerte de Salomón, el reino davídico se divide en dos. Esto aconteció en el año 930 A.C..


Las dos partes en que fue dividido el reino davítico fueron: el “Reino de Judá” al sur y el “Reino de Israel” al norte. Y cuando Roboam, hijo de Salomón -heredero legal del reino de su padre- quiso marchar sobre las diez tribus separatistas del norte para someterlos de nuevo a su autoridad y a su linaje, fue detenido por YaHVéH diciéndole:


“No vayáis, ni peleéis contra vuestros
hermanos los hijos de Israel;
volveos cada uno a su casa,
porque esto lo he hecho yo.
Y ellos oyeron la palabra de Dios,
y volvieron y se fueron,
conforme a la palabra de YaHWéH.”
1Reyes 12:24; 2 Crónicas 11:2-4


De modo que el norteño reino de Israel/reino del norte siguió su curso en la historia, no ya bajo un rey de la “casa de David”, sino bajo el efrateo Jeroboam (1 Reyes 11:26) y ellos y su descendencia fueron llamados en la profecía “hijos de Israel” por provenir del reino de Israel/reino del norte formado por la “casa de Israel” -las diez tribus del norte- con un destino muy diferente a la de las dos tribus restantes -Juda y Benjamín, unidas en un solo reino: el reino de Judá-. Paradójicamente entonces, los “hijos de Israel” no son los “judíos” como generalmente se entiende, sino que -luego del 930 A.C.- esta es la expresión profética que se refiere a las diez tribus del norte y su descendencia. Los que se separaron y renunciaron a permanecer bajo de la autoridad de la “casa de David”.


La división entonces en dos reinos del único ISRAEL -unificado por David- fue decidida por YaHWéH. Esto es, fue algo determinado por Él en los cielos para sus propios designios. Y así el reino davítico arquetípico -el “Tabernáculo de David”- quedó dividido en dos:


-> el “Reino de Israel” al norte, formado por diez tribus lideradas por Efraín, cuya descendencia fue llamada en la profecía entre otros nombres: “hijos de Israel”.


-> el “Reino de Judá” al sur, formado por las tribus de Judá y Benjamín, cuya descendencia fue llamada en la profecía y en la historia secular: “judíos”.


+