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“Pon tu esperanza en el Señor y marcha con paso firme por su camino. Él te honrará al darte la tierra…
He visto a gente malvada y despiadada florecer como árboles en tierra fértil. Pero cuando volví
a mirar, ¡habían desaparecido… no pude encontrarlos! El Señor rescata a los justos;
él es su fortaleza en tiempos de dificultad… Él salva a los justos,
y ellos encuentran refugio en él”
Salmo 37, 34-40


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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obelisco


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En el año 1846 se descubrió en la antigua ciudad asiria de Nimrod -lindera a la actual Mosul- un obelisco de basalto color negro que se convertiría en la llave para seguir las huellas de la descendencia del norteño reino de Israel(Efraín), cautivo y exiliado por el emperador asirio Sargón II en el 722 A.C.


Este reino norteño se había separado del reino de Juda en el 930 a.C. por determinación de YaHWéH (1 Reyes 12:23-24) y se componía de diez tribus lideradas por la tribu de Efraín.  También era conocido por el nombre de su ciudad capital: “Samaria” fundada por el rey Omri. Efraín era el primogénito elegido de Jacob, luego de haber rechazado a Ruben, su primogénito natural (Génesis 49:4; Jeremías 31:4). Y al sur, comprendiendo a la ciudad santa de Jerusalem, había quedado el reino compuesto por Juda y Benjamín bajo el liderazgo excluyente de Juda. Y estos son los dos nombres para la descendencia de cada uno de los reinos resultantes de la división del único reino de ISRAEL: Israel o la descendencia oculta de las tribus del norte en el destierro,  y Judá o la descendencia conocida de ISRAEL asociada hoy con el Estado Judío. Son dos partes, dos familias, dos reinos, que componen el único ISRAEL que sera nuevamente unificado al final de la historia.


En el obelisco negro de Salmanasar III, fechado en el año  841 A.C.  se puede leer la siguiente:


“Tributo de Jehú, hijo de Omrí:
recibí de él plata, oro, un cuenco de oro,
un recipiente de oro, copas de oro,
cubos de oro, estaño, un bastón
para la mano del rey y venablos”.


Y esta es la pista que permitió identificar a la descendencia desterrada del reino de Israel(Efraín) -también llamados “hijos de Israel” o “casa de Israel” en el texto profético-  porque se llama “hijo de Omri” a Jehu -y no israelita- de donde se deriva “kimri” y luego “cimerios” que fue el nombre que tomo esta descendencia de Israel(Efrain) desterrada  en las naciones.  Como una prueba de la pertinencia de este nombre -”hijos de Omri”- para el norteño reino de Israel(Efraín) se lee en Miqueas 6:16:


“Porque los mandamientos de Omri
se han guardado,…y en los consejos
de ellos anduvisteis, para que yo
te pusiese en asolamiento,
y tus moradores para burla”.


Este pasaje afirma que el “asolamiento” decretado por YaHWéH al reino de Israel(Efraín) se debió a que siguieron los “mandamientos de Omri” olvidando los de YaHWéH a los que tuvieron como “cosa extraña” (Oseas 8:12). Omri fue un rey cabeza de una dinastía -anterior a la de Jehu- que dio inicio al modelo de éxito económico vinculado a la idolatría de los dioses fenicios Baal y Astarté que caracterizó el reino del norte y que maduraría por completo en el reinado de Jeroboam II, años después, provocando la ira de YaHWéH y Su juicio de excomunión y destierro  pronunciado por intermedio de los profetas Oseas y Amos.


Es entonces una verdad histórica establecida que las llamadas “diez tribus perdidas de Israel” fueron el colectivo que la historia recoge con el nombre de “hijos de Omri”, nombre que luego derivó por corrupción del lenguaje en “kimris” y mas tarde en “cimerios” -a partir del siglo V a.C.-. Y estos, junto con los “escitas” que también pertenecen a la “casa de Israel” -con su nombre derivado de “moradores en sucas” o tiendas-  ocuparon  las extensas planicies transcaucásicas y luego se dirigieron hacia occidente, moviéndose siempre al norte del Danubio que era el límite superior del Imperio Romano. Los “escitas” o germanos o godos a partir del siglo II d..


Y ambas migraciones de “hijos de Israel” se mezclaron con tribus que marchaban en la misma dirección desde siglos antes formando así un conjunto multiétnico y variopinto y cubrieron una inmensa extensión geográfica, desde las islas Británicas, en el extremo noroeste, hasta el Asia Menor (Galacia), pasando por la actual Francia, los territorios al norte del Danubio, y penetrando los territorios peninsulares de España e Italia.

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-> el retorno de un remanente de “Israel”/”hijos de Omri” a su tierra


Y hoy ante nuestros ojos, un remanente de la descendencia de aquel reino de Israel(Efraín) separado -los “hijos de Omri”, “kumris”, “cimerios” junto a los “escitas” también llamados “godos” o “germanos” ahora son nuevamente atraídos,  como con un imán, hacia la la tierra desde donde fueron capturados y exiliados hace 2.700 años. Y esa región es un tumulto de intereses contrapuestos que no encontrará la paz hasta el glorioso advenimiento del Principie de la Paz. Pero los ojos del mundo miran hacia allí.


Lo que existe detrás del ruido ensordecedor de las noticias que vienen de Oriente Próximo y Oriente Medio es el inicio de la remodelación definitiva y radical de este mundo. Esas noticias anuncian -paradojalmente- al advenimiento del Reino de los Cielos, del REINO DE ISRAEL mesiánico que anunciaron los profetas.


La proximidad de ese advenimiento incluye la desvalorización de la política de este mundo,  ya que el Reino venidero no sera un régimen democrático -aunque si justo y misericordioso- ni las Naciones Unidas serán la institución que garantice la paz y justicia en toda la tierra. Ambas cosas –democracia y Naciones Unidas- necesitan terminar de consumirse en su ineficiencia aunque esto nos resulte doloroso verlo y sufrirlo, porque no pertenecen al futuro.


Así también, la emergencia climática -y los violentos sacudones sísmicos cada día mas frecuentes- es funcional a esta volqueta histórica que lo remueve todo y hace que ningún lugar en el mundo sea seguro y estable por alguna razón: política, de violencia en las calles y los hogares, climáticas, telúricas (como dijimos), raciales, religiosas sectarias,  económicas  a escala global y nacional, y otras.  Este proceso de superposición de emergencias solo culminará con el retorno del remanente de Israel a la Sión en Gloria de mundo venidero/athid lavo de la mano de YaHWéH, el “Gran Pastor” de Sus ovejas.


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nota 1) la historiografía moderna ha incorporado la denominación de “indoeuropeos” para los pueblos de las migraciones que relatamos. Este nombre comenzó como una hipótesis de trabajo a partir de la comprobación del parentesco de las lenguas habladas desde Inglaterra a la India. En efecto, en el siglo XVIII Sir William Jones descubrió que la lengua sánscrita, el latín y el griego tenían un antepasado común. Mas tarde se incluyeron las diferentes lenguas “celtas” dentro de la familia “indoeuropea” que es un concepto algo difuso y confuso.


Esta denominación tiene el inconveniente de que parece indicar que los pueblos que en diferentes oleadas que fueron invadiendo los territorios de la hoy Europa provinieron o tienen algo que ver con la India. Pero no fue desde allí que se desplazaron hacia occidente, sino de las estepas transcaucásicas. Y es mas apropiado decir que fue desde ellas -las planicies transcaucásicas- que migraron poblaciones hacia la India.


Véase que esto es lo coherente con el relato bíblico que establece que la población mundial provino de los descendientes de los hijos de Noe: Sem, Jafet, y Cam.


Las planicies transcaucásicas se encuentran al norte del monte Ararat que es en donde se detuvo -y aun se encuentra – el Arca del diluvio. Y hacia ellas se dirigieron los hijos de Jafet.  Estos pueblos fueron a los que se unieron los “hijos de Omri” a partir del siglo V A.C. dándoles cohesión, personalidad y contenido como se explica mas arriba. De esta mezcla y de su deriva occidental provienen las diferentes naciones de la actual Europa.


Esto parece ser el cumplimiento de Génesis 9:27:


“Engrandezca Dios a Jafet,
y habite en las tiendas de Sem”

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SOBRE EL OBELISCO NEGRO


En el obelisco aparece el rey Jehu, un rey del norteño reino de Israel que como Omri fue cabeza de una dinastía, ofreciendo tributos al emperador asirio Salmanasar III. En ese entonces -siglo noveno antes de Cristo- el reino de Samaria o Israel se había unido al rey Hazael de Damasco en contra del emperador de Asiria Salmanasar III. Pero la coalición había sido derrotada por el asirio. A consecuencia de esto, el rey Jehu del norteño Israel tuvo que ofrecer tributos al emperador triunfante  Esto es lo que fue registrado en un obelisco conmemorativo que fue encontrado en la ciudad de Nimrod (hoy ubicada al norte de Irak) en 1848, y que por ser de basalto oscuro fue llamado “obelisco negro de Salmanasar III”.

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