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“No oyes el alboroto que hacen tus enemigos? ¿No ves que tus arrogantes adversarios se levantan?
Inventan intrigas astutas contra tu pueblo; conspiran en contra de tus seres preciados.
«Vengan —dicen—, exterminemos a Israel como nación; destruiremos hasta el
más mínimo recuerdo de su existencia”
Salmo 83: 2-4


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“Entonces les abrió el entendimiento para
que comprendieran las Escrituras; y les dijo:
–Así está escrito… que el Cristo padeciera
y resucitara de los muertos al tercer día;
y que se predicara en su nombre el arrepentimiento
y el perdón de pecados en todas las naciones,
comenzando desde Jerusalém”
Lucas 24:45-47

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La estrategia para “ir” a la “casa de Israel” en las naciones

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Jesús/Yeshua no podía ir en la carne a cumplir la misión de buscar las “ovejas perdidas de la casa de Israel” mezcladas entre las naciones para luego separar de ellas un remanente santo y congregarlas a Sión en el athid lavo. Sin embargo tenia que ir de algún modo porque esa era la encomienda ineludible de YaHWéH a su Siervo/Mesías de ISRAEL tal como figura en Isaías 49:6. Pero eso estaba previsto y desde antes de la fundacional del mundo se diseñó una operación de búsqueda y rescate que cruzaría los “siglos de la gracia” cuya grandiosidad y complejidad solo podía ser concebida por Quien es el Guía de la Historia: Dios/Elohim –YaHWéH-.


Y esta estrategia consistió en proveer de dones y virtudes celestiales –entre ellos la inerrancia en la doctrina- a un grupo escogido de discípulos fieles. Y también de un aprisco en donde ir guardando y alimentando a las “ovejas” que oyeran Su voz de entre las naciones. Este aprisco santo es la “iglesia de Cristo” -o “las iglesias”- “asamblea nacional” del ISRAEL DE DIOS cuyo protagonismo  cruza los siglos de la gracia.


Estos enviados/apóstoles plenipotenciarios del Maestro de Galilea sí que podrían “ir” a las naciones y anunciar que el reino mesiánico prometido por los profetas se había “acercado”. Porque el Rey/Mesías de ISRAEL/Hijo de Dios/Elohim se había manifestado en carne, se había dado en sacrificio santo por los pecados de Su pueblo y luego había resucitado abriendo el camino a los redimidos hacia la vida eterna. Y había prometido regresar, pero esta vez como Juez, Rey de reyes y Señor de señores -y Sumo Sacerdote- y ya no mas en carne y sangre, sino en cuerpo glorificado semejante al que tendrán los redimidos luego de la resurrección.


Y hubo un elemento imprescindible, además de los dones apostólicos, que actuaría como sustento del aprisco contenedor adonde serían guardadas las ovejas que oyeran Su voz, y este fue el Espíritu Santo (que viene del Padre y del Hijo y da testimonio de ellos).


Recordemos que el grupo de comando de la Palabra inerrante a la “casa de Israel”, que fueron los doce enviados/apóstoles del Cordero, fue escogido en una intensa noche de oración (Mateo 10:1; Marcos 3:13; Lucas 6:12-13). Y luego fueron investidos de poder de lo Alto –junto a un grupo reducido de discípulos fieles y María- en el día de Pentecostés. Entonces estuvieron prontos para partir a la mas difícil y sagrada misión de todos los tempos: predicar en pueblos hostiles la Palabra de salvación del evangelio del Reino. Y estas fueron las instrucciones que el Maestro había dado a ese comando elegido:


“A estos doce envió Jesús,
y les dio instrucciones, diciendo:
Por camino de gentiles no vayáis,
y en ciudad de samaritanos no entréis,
sino id antes a las ovejas perdidas
de la casa de Israel”.
(Mateo 10:5-6)

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Es extraño que no se cite habitualmente estas instrucciones en las “iglesias de Cristo” ya que allí se dice claramente cuales eran las instrucciones explícitas del Maestro a “los doce” apóstoles, elegidos de entre los discípulos que lo habían acompañado en su ministerio terrenal y sido testigos de Su resurrección. (nota 1).


Pero en la segunda parte de la encomienda de YaHWéH a su “Siervo”/Mesías de ISRAEL, según se lee en Isaías 49:6, se agrega algo a la misión de congregar el remanente santo de Israel –como vimos en el estudio anterior -: “ser luz a las naciones”. Y para abarcar esta dimensión nueva -un tanto diferente a la encomendada a “los doce”– Jesús/ Yeshua convocó a un enviado/apóstol diferente, ya que “los doce” tenían su tarea perfectamente especificada: ir sin demora a la “casa de Israel” sin entretenerse con los pueblos gentiles. Y el “instrumento escogido” para cumplir esta dimensión ampliada de la encomienda principal de Isaías 4:6 fue el apóstol Pablo, electo como sabemos de una forma diferente a la de la noche de oración del Maestro que precedió a la elección de “los doce”. Y estas son las instrucciones que le dio el Maestro resucitado a este enviado/apóstol diferente por intermedio de Ananías el damaceno:


“Ve porque instrumento escogido me es éste,
para llevar mi nombre en presencia
de los gentiles,
y de reyes,
y de los hijos de Israel”
(Hechos 9:15)


Y para confirmar esta ampliación del campo de predicación del evangelio del Reino. le revelo en visión al líder apostólico Pedro, cuando estaba en Jope, que también se les podía anunciar la Palabra a los gentiles. Lo que fue definitivamente establecido en el primer concilio de Jerusalem convocado precisamente para definir si esta ampliación estaba dentro del Propósito de YaHWéH. Y sabemos que la decisión de ese primer concilio fue que el evangelio podía y debía predicarse también a los gentiles.


Es decir, la distribución de tareas en la misión apostólica era clara: “los doce” irían al Israel disperso, la “casa de Israel” –los de la “circuncisión”- y Pablo iría principalmente a dar testimonio a los gentiles y a reyes en las naciones -los de la “incircusición”-.


Y es fácil entender porque Jesús/Yeshua eligió a Pablo como apóstol a los gentiles: él tenia los talentos que, con la renovación del Espíritu, servirían para desmontar las elaboradas argumentaciones del espíritu griego. Y este talento especial del apóstol Pablo quedo a disposición de los fieles y creyentes de todos los siglos en el testimonio grandioso e irrefutable de sus cartas. En ellas se revela el espíritu culto de Pablo, y una argumentación maravillosamente articulado, bajo la unción del Espíritu, que era difícil contradecir por el agudo espíritu racionalista griego. Este talento especial de Pablo contrasta con “los doce” que, por su origen mas modesto, se expresaban en forma mas simple -aunque igualmente inspirados, naturalmente-. Por eso el apóstol Pedro dice que las cartas de Pablo eran “difíciles de entender”, aunque reconoce específicamente su divina inspiración.


Y las cartas de Pablo cumplieron la misión de confundir a los intelectuales gentiles de todos los tiempos y atrapar para Cristo a aquellos de corazón sincero volviéndolos simples como palomas. Y, debido  a ellas, que componen más del sesenta por ciento del Nuevo Testamento, conocemos íntimamente el pensamiento y los viajes de Pablo, el apóstol a los gentiles. Pero sin embargo no tenemos igual conocimiento de los viajes de “los doce” que fueron a territorios inhóspitos a buscar el Israel disperso. Es mas, los cristianos con el pasar del tiempo hemos tomado como padrón de evangelización los viajes de Pablo olvidando por completo los viajes de “los doce” de los que casi nada sabemos a no ser por las leyendas de los pueblos adonde fueron en donde dejaron marcas indelebles. Y esto debido a la ausencia de documentación escrita que es el material básico del que se nutre la historia.


Así, la  misión apostólica de “los doce” destinados a ir directamente a la “casa de Israel” quedo en la penumbra, en tanto que la obra apostólica del apóstol Pablo, que llevo la Luz de la Palabra a los gentiles, esta documentada en el imperecedero testimonio de sus cartas a las iglesias. Y esto es coherente con el Prepósito de YaHWéH de dejar en misterio la obra apostólica dirigida a la “casa de Israel” dispersa, colocando todos los focos en el ministerio universal a los gentiles. Solo ahora tenemos revelación completa.


(continua)

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nota 1): se cita en cambio con frecuencia en nuestras iglesias la llamada “gran comisión”:


“pero recibiréis poder,
cuando haya venido sobre vosotros
el Espíritu Santo,y me seréis testigos
en Jerusalén,en toda Judea,
en Samaria,y hasta lo último
de la tierra”.
(Hechos 1:8)


o también:


“Por tanto, id, y haced discípulos
a todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre,
y del Hijo, y del Espíritu Santo”
(Mateo 28:19)


que son pasajes aparentemente contradictorios a las estrictas instrucciones de Mateo 10:5-6. Pero no hay que hacer contorsiones exegéticas para explicar esta dualidad de criterios sino entender un misterio:


la Palabra de Dios es para todas las edades y contiene una revelación para cada época de la historia y para cada persona. Por eso puede aparecer contradictoria a nuestra estrecha mirada y es que nuestro Dios mueve Su Palabra viva en el territorio de las paradojas y su lectura no es de único sentido sino que ella refleja la infinita y multifacética sabiduría del Altísimo mediante la revelación del Espíritu Santo.

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