“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad
el evangelio a toda criatura. El que creyere
y fuere bautizado, será salvo; mas el
que no creyere, será condenado”
Marcos 16:15-16

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-> la misión apostólica anunciada en el AT


En Isaías 49:6 se lee la encomienda principal de YaHWéH al Siervo que habría de venir:


“Poco es para mí que solo seas mi siervo
para levantar las tribus de Jacob
y restaurar el resto de Israel;
también te he dado por luz de las naciones,
para que seas mi salvación
hasta lo último de la tierra”.


en este pasaje está esbozado el plan de evangelización mundial que habría de ponerse en marcha a partir de los azotes y “muerte de cruz” del Siervo sufriente. Las “tribus de Jacob” son el “resto de Israel”, esto es: la descendencia de la “casa de Israel” desterrada de Samaria desde el año 722 a.C.. Y hasta esta descendencia dispersa debería llegar llegar el Siervo sufriente para congregarla –”levantarla”– de nuevo a su tierra según la encomienda de la cita. Esto siempre confundió a los exegetas judíos. ¿Cómo el Siervo sufriente del fin de los días sería también el Mesías/ Meshiaj victorioso que convocaría a la “casa de Israel” (no a toda la “casa de Israel” sino a un “resto” o “remanente” que en otras traducciones se llama también “sobrevivientes”). Esto era difícil de entender. En Amós 9:11 se dice:


“En aquel día yo levantaré
el Tabernáculo caído de David,
y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas,
y lo edificaré como en el tiempo pasado”.

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este es el pasaje que el apóstol Santiago aludió como aquel que se estaba cumpliendo en el inicio de la misión apostólica. Leamos las palabras finales del apóstol Santiago al el concilio de Jerusalem en que cita este pasaje:


“Después de esto volveré
y reedificaré el Tabernáculo de David
que ha caído
y reedificaré sus ruinas
y lo levantaré de nuevo.
Para que el resto de los hombres
busque al Señor
Y todos los gentiles,
sobre los cuales es invocado mi nombre
Dice el Señor, que hace conocer
todo esto desde tiempos antiguos”.
(Hechos 15:16-18 )


y es aquí que se revela el misterio que no entendían los rabinos judíos: el Siervo sufriente alcanzaría a la “casa de Israel” dispersa mediante el anuncio del evangelio. Esto es: con la predicación de la Palabra del evangelio del Reino -que es también el evangelio de salvación- se invocaría el Nombre de Dios/Elohim en la Persona del Hijo a los gentiles, para alcanzar a “las ovejas que oyen su voz” dispersas en todas las naciones. Eso también se dice en Hechos 10:36:


“Dios envió mensaje
a los hijos de Israel,
anunciando el evangelio de la paz
por medio de Jesucristo;
este es Señor de todos”.


en donde “hijos de Israel” tiene le mismo significado que “casa de Israel” o “tribus de Jacob”. El “evangelio de la paz” entonces fue enviado al “Israel(Efraín)” desterrado entre las naciones -”gentilizado”- mediante la misión apostólica que sería continuada por la obra misionera de las “iglesias de Cristo”. Y en ese “envío” del evangelio a todas las naciones ellas -las naciones- también lo escucharían. Y es así que el evangelio del Reino Salvación sería también “luz” a todas naciones, en toda la faz de la tierra. De este modo se cumplía lo que estaba profetizado en Isaías 49:6 y que para la sabiduría rabínica era incomprensible: las “tribus de Jacob” serían “levantadas” -retornadas a Sión- por la Palabra inserta en el evangelio del Reino/Salvación llevado a las naciones gentiles, cosa ajena y extraña a esa sabiduría. Y ese envió planetario de la Palabra fue comenzado por los apóstoles, enviados personales de Jesús/Yeshua, ungidos por el Espíritu Santo, a quienes el Maestro detalló su misión con estas instrucciones:

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“Y les dijo: Id por todo el mundo;
predicad el evangelio á toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado,
será salvo;
mas el que no creyere,
será condenado.
(Marcos 16:15-16)


en donde se dice, por si lo olvidamos, que el destino de “el que creyere” y de “el que no creyere” sería dramáticamente opuesto. Para unos -las ovejas que oyen la voz del Gran Pastor y la guardan en su corazón- sería la misericordia y la salvación. Para los otros -”el que no creyere”- la condenación eterna. Así comenzaba la convocatoria del remanente santo de Israel de entre todas las naciones de la tierra.


-> la convocatoria de los tiempos finales


En Jeremías 31:10 se anuncia la convocatoria de los tiempos finales, que comenzó luego de la cruz y hasta hoy dura, y el Gran Pastor que se dedicaría a reunir el rebaño disperso de la “casa de Israel”:


“El que esparció a Israel lo reunirá y guardará,
como el pastor a su rebaño”.


Y también en Ezequiel 36:24:


“Y yo os tomaré de las naciones,
y os recogeré de todas las tierras,
os traeré a vuestro país”


y en Sofonías 3:29:


“En aquel tiempo yo os traeré;
en aquel tiempo os reuniré,
y os daré renombre y fama entre
todos los pueblos de la tierra”.


Y en Jeremías 23:7-8 se habla muy claro del portentoso éxodo de retorno a la Sión en Gloria del mundo venidero/athid lavo de la “casa de Israel”, salva por el mensaje del evangelio:


‘Vive YaHWéH que hizo subir y trajo
a los descendientes de la casa de Israel
de la tierra del norte y de todas las tierras
adonde los había echado’;
y habitarán en su propio suelo”


Hay muchos otros pasajes proféticos sobre esta convocatoria planetaria. Tantos, que es imposible entender los días actuales sin considerar esta llamada planetaria al remanente santo. Y dice este pasaje que ella será mas recordada en el milenio -el Reino de los Cielos/Tabernáculo de David restaurado- que lo que fue el éxodo de Egipto para el ISRAEL del primer pacto, nacido en las faldas del Sinaí. ¡Grandes cosas están por venir de parte de YaHWéH!”.


-> el “silbido” y el “llamado” a las bodas celestiales


En Zacarías 10:8 se dice que este Gran Pastor de los tiempos finales llamará con un silbido a su pueblo santo:


“Yo los llamaré con un silbido,
y los reuniré, porque los he redimido…”


y este llamado coincide con el llamado a las bodas celestiales del Cordero -el Marido y Redentor de su pueblo (Isaías 54-5)- al cual debemos de estar atentos. La Palabra llama bienaventurados a quienes escuchen este llamado:


“… Bienaventurados los que son llamados
a la cena de las bodas del Cordero”.
(Apocalipsis 19:9)


Y del mismo modo que hubo Pacto del Sinaí -un pacto definido por las Escrituras como un matrimonio de YaHWéH con su pueblo escogido- tendremos las “bodas celestiales” del Cordero que restaurará el contrato matrimonial que fue “invalidado” por “Israel” y “Judá”, las dos familias del único ISRAEL (Jeremías 31:32; 11:10). Eso es: hubo “boda” en el Sinaí, pero ahora habrá “boda” en el cielo para los salvos, los redimidos, los comprados por la sangre del Cordero.


¿Estamos atentos a este silbido/llamado?. ¿Estamos prontos a acudir a este nuevo matrimonio celestial que sellará el Nuevo Pacto de YaHWéH con su pueblo santo? SÍ, si mantenemos nuestras lamparas llenas de aceite y no somos “novias” imprudentes. NO, si somos apenas cristianos culturales, seguidores de un rito externo pero sin haber exterminado el amor a este mundo de nuestro corazón, que no puede coexistir con el anhelo del Reino venidero.


-> el Gran Pastor, Rey y Sumo Sacerdote


En Juan 10:16 nuestro Señor Jesucristo confirma que Él es el Gran Pastor que convoca las ovejas desterradas de su pueblo a la Sión venidera:


“Tengo, además, otras ovejas
que no son de este redil;
a esas también debo atraer
y oirán mi voz,
y habrá un rebaño y un pastor”.


De modo que el Gran Pastor que convoca al remanente santo de la “casa de Israel” es también el Marido/Esposo (Isaías 54:5) de las bodas celestiales que recibe de nuevo a la esposa que había desechado (Oseas 2:19: 3:1). Y es también el Cordero de Dios inmolado en la cruz quien se identifica como la raíz de David y León de Juda (Apocalipsis 5:5-6). El mismo que dejó instrucciones precisas a sus apóstoles/enviados para anunciar el Reino de Dios a sus ovejas esparcidas:


”… id antes a las ovejas perdidas
de la casa de Israel.
Y yendo, predicad, diciendo:
“El reino de los cielos se ha acercado”.


De modo que después de haberlo visto azotado, colgado exánime de una cruz y levantado de entre los muertos podemos estar seguros que ahora Jesucristo/YeshuaHamasiaj es el Gran Pastor y Rey –y también Sumo Sacerdote de nuestra fe (Hebreos 3:1)- que convocará a “las ovejas que escuchan su voz” a una Sión venidera  transmutada por Su Gloria.

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Amen y amen

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