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“Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios. Y ahora, que
toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o
incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros. ¡Gloria a él en
la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones desde
hoy y para siempre! Amén”
Efesios 3:20-21


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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La Didajé, o Enseñanza de los Doce Apóstoles, fue escrita entre los años 65 y 80 de nuestra era. Durante los primeros siglos de la iglesia no existía el “Nuevo Testamento”. Este solo fue codificado en el año 397 a pedido de Constantino para dar unidad a la iglesia en todo su imperio. Hasta ese entonces circulaban varias cartas y textos de contenidos contradictorios y había varios intentos de herejías en las iglesias, especialmente el de los “gnósticos”. Para discernir y juzgar esas herejías es que circulaba la Didajé o Enseñanza de los Doce Apóstoles.


El titulo de este documento es por demás claro acerca de cuantos eran los apóstoles capacitados para fijar la doctrina infalible de nuestro Señor. Además de los doce, el apóstol Pedro dio por válidas e inspiradas posteriormente (2 Pedro 3:15-16) las cartas del apóstol Pablo a pesar de que – según el – “eran difíciles de entender” y muchos extraían de ellas en forma maliciosa conclusiones falsas. Pero el cartabón de la enseñanza apostólica antes de la codificación del Nuevo Testamento era el Didajé.


A continuación transcribo el último capitulo que habla de los días finales y que expresa en forma clara lo que los “doce apóstoles del Cordero” en conjunto afirmaban sobre los días que se aproximan:

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CAPITULO 16


16:1 Vigilad sobre vuestra vida. No se apaguen vuestras linternas, y no dejen de estar ceñidos vuestros lomos, sino estad preparados, pues no sabéis la hora en que vendrá nuestro Señor.


16:2 Reuníos con frecuencia, buscando lo que conviene a vuestras almas, pues de nada os servirá todo el tiempo en que habéis creído si no consumáis vuestra perfección en el último momento.


16:3 En los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se convertirán en lobos, y el amor se convertirá en odio.


16:4 En efecto, al crecer la iniquidad, los hombres se odiarán entre si, y se perseguirán y se traicionarán: entonces aparecerá el extraviador del mundo, como hijo de Dios, y hará señales y prodigios, y la tierra será entregada en sus manos, y cometerá iniquidades como no se han cometido desde siglos.


16:5 Entonces la creación de los hombres entrará en la conflagración de la prueba, y muchos se escandalizarán y perecerán. Pero los que perseveren en su fe serán salvados por el mismo que había sido maldecido.


16:6 Entonces aparecerán las señales auténticas: en primer lugar el signo de la abertura del cielo, luego el del sonido de trompeta, en tercer lugar, la resurrección de los muertos,


16:7 — no de todos los hombres, sino, como está dicho: “Vendrá el Señor y todos los santos con El (Zac 14, 5).


16:8 Entonces el mundo verá al Señor viniendo de entre las nubes del cielo


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