+


“Cada uno de ustedes debe arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y ser bautizado en el nombre
de Jesucristo para el perdón de sus pecados. Entonces recibirán el regalo del Espíritu Santo.
Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para la gente en el futuro lejano, es
decir, para todos los que han sido llamados por el Señor nuestro Dios”
Hechos 2, 38-39


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

+

+

+

Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el 13 de diciembre de 2013:

+

+

El salmista escribe sobre el pecado de Israel: “Tentaron a Dios en su corazón” (Salmo 78:18). El significado en hebreo de esta frase indica que los israelitas fueron “probados más allá de la resistencia”. Esto quiere decir que ya no les quedaban medios humanos para valerse por sí mismos. Cuando llegaron a este lugar, ellos creyeron que Dios los había abandonado, que guardaba silencio y que se mantenía fuera de su vista.


En resumen, esto es lo que significa tentar a Dios. Ocurre cuando Sus escogidos, Sus benditos, son puestos en el fuego de la prueba y su crisis crece con más intensidad hasta que el miedo se apodera de sus corazones, y claman: “Señor, ¿dónde estás? ¿Dónde está mi liberación? ¿Por qué no estás en la escena? ¿Estás conmigo o no?”


Es imposible que un inconverso tiente al Señor, ya que tal persona no reconoce a Dios en ningún área de su vida. Para él, todo lo que sucede es, ya sea, buena suerte o mala suerte. Sólo los que están más cerca del Señor, pueden tentarlo, los que han visto Su poder, los que han gustado Su misericordia y Su gracia, y han sido llamados a caminar por fe.


Incluso el justo Juan el Bautista enfrentó la clase de prueba que puede llevar a tentar a Dios. Mientras estaba en la prisión, debió haberse preguntado dónde estaba Dios en su situación. Las voces que hablaban de las maravillas que Jesús estaba haciendo, habían llegado a él: sanando gente, haciendo milagros, atrayendo multitudes que alguna vez habían acudido a él. Y ahora estaba sentado solo, esperando su ejecución.


Juan sabía que tenía que menguar para que Cristo pudiera crecer. Pero ahora un pensamiento cruzaba su mente: “Menguar, sí, pero ¿morir? ¿Por qué tengo que morir, si Jesús es verdaderamente Dios? Si Él está haciendo todas estas maravillas por otros, ¿por qué no me puede librar? Señor, esto es demasiado para soportar” (Recuerde que Cristo todavía no había quitado el aguijón de la muerte).


Las últimas palabras que Jesús envió a Juan fueron increíblemente significativas: “Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí” (Mateo 11:6). Cristo le estaba diciendo a este siervo piadoso: “No te ofendas conmigo, Juan. Tú sabes que yo sólo hago lo que veo y oigo del Padre. Él tiene un plan en todo esto, y es digno de que confiemos en Él. Si Él hubiera querido que yo
vaya a liberarte, sabes que Yo estaría allí en un momento. Puedes estar seguro de que lo que salga de esto, será para Su gloria. ¡Y significará la gloria eterna para ti!


“Estás soportando tu prueba final, Juan. No dejes que la duda te robe tu fe. En lugar de ello, descansa en el amor del Padre y en Su fidelidad para contigo. No estás siendo juzgado. Al contrario, estás siendo grandemente honrado en Sus
ojos. ¡Sólo mantente firme!”


Yo creo que Juan soportó. Cuando finalmente fue decapitado por Herodes, se fue a casa, a la gloria, ¡lleno de fe y de honor!

+

+

Read this devotion online: http://sermons.worldchallenge.org/es/node/25735?src=devo-email

+

+

+