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“Cada uno de ustedes debe arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y ser bautizado en el nombre
de Jesucristo para el perdón de sus pecados. Entonces recibirán el regalo del Espíritu Santo.
Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para la gente en el futuro lejano, es
decir, para todos los que han sido llamados por el Señor nuestro Dios”
Hechos 2, 38-39


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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CUANDO CONOCEMOS el periplo de la desmemoriada “casa de Israel” en las naciones, cuya primera oleada sobre la parte centro y norte de la hoy Europa, extendiéndose luego hacia el oeste y el norte, conformó la variopinta “cultura celta”, surge mas claro el porqué estos dibujaban siempre los árboles con sus raíces. Es como si su inconsciente colectivo les dictara que estaban olvidando algo muy importante (y no sabían bien que). Las ramas visibles de los árboles que los celtas amaban eran importantes, pero sus raíces también lo eran. Estas raíces visibles en sus dibujos constituyen un continuo test psicográfico de una colectividad con amnesia de su pasado.

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De hecho la conversión de los pueblos fundacionales de Europa –galos/celtas y germanos/godos- al evangelio constituye uno de los mayores misterios de la historia y tuvo consecuencias planetarias. No eran estos pueblos de temperamento dócil  ¿cómo se explica que abandonaran tan fácilmente a sus “dioses” y su cultura estando orgullosos de ella y haciendo gala de hábitos independientes, rebeldes, e incluso amantes de la guerra a la cual consideraban casi como un epitome glorioso de sus vidas? Y abandonaron todo para convertirse a un Dios que se manifestó en un pequeño territorio desconocido para la mayoría de ellos, que además predicaba la paz, algo tan ajeno a su idiosincrasia. ¿No es extraña esta multitudinaria conversión de pueblos trashumantes y belicosos a un Dios ajeno a los rasgos principales de su cultura? ¿Se habrá debido esto solo al “poder de convicción” de los apóstoles y misioneros cristianos? ¿no es difícil de creer esto,teniendo en cuenta que tanto los enviados/apóstoles como los  misioneros no eran personas dotadas por si de la elocuencia necesaria para consumar esta verdadera hazaña?.

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¿Y cómo fue que los galos/celtas o los germanos/godos permanecieron en esta fe a través de los siglos al punto de edificar templos de pasmosa tecnología arquitectónica y refinada estética –muchos de los cuales demoraron centurias en ser construidos- y además redactaron textos legales y fundaron estados que desde su nacimiento conformaron un conglomerado de naciones que confesaron la fe cristiana -estamos haciendo un paneo de siglos naturalmente-. Y esas naciones -en donde la guerra interna no estuvo ausente naturalmente y cuyas fronteras tuvieron una complicada génesis- formaron finalmente la cultura que hoy llamamos “europea”.

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Se comprende que los árabes se convirtieran a la fe de Mahoma, porque éste era árabe. O los hindúes al budismo, porque Buda era hindú. Pero ¿porqué los pueblos fundacionales de Europa aceptaron declarar “Rey de reyes y Señor de señores” al Mesías (Rey eterno) de una nación lejana y ajena –en apariencia- a su cultura trashumante? La historia corriente no de respuesta a este misterio y muchas veces  ni siquiera lo advierte. Pero si meditamos bien es un misterio desafiante que no tiene explicaciones simples a la vista: masas enormes de población que hoy forman el conglomerado de naciones europeas aceptaron como su Rey y Señor, no a un “dios” autóctono de ellos ya que los que tenían los abandonaron, sino al Mesías de ISRAEL


Ahora bien, si sabemos que Jesús/Yeshua, Hijo de Dios y Mesías de ISRAEL fue el que envío a estos pueblos el anuncio o evangelio del Reino por medio de los apóstoles porque conocía que allí estaba una parte importante de la “casa de Israel(Efraín)” y que aún recomendó urgencia en la entrega de ese mensaje y sabemos –además- que el Espíritu Santo era El que acompañaba con Su unción a este puñado de mensajeros y hacía resplandecer Sus palabras en los corazones de aquellos pueblos que eran en realidad desterrados de las tierras de Israel por causa de su apostasía, entonces entendemos que esa conversión masiva proviene directamente del Altísimo. Es decir, respondía al Propósito del Gran Tejedor de los acontecimientos mundiales que actúa en el largo plazo y que estaba y está a la búsqueda de un remanente santo de la “casa de Israel(Efraín)” y de todos aquellos que recibieran la Palabra del evangelio mientras ésta se predica a esa “casa de Israel” oculta en misterio en las naciones.

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Como en el caso de Gomer, la esposa/prostituta del drama profético de Oseas rechazada y luego retomada en matrimonio eterno, YaHWéH quiere darle una segunda oportunidad a la “casa de Israel”, excomulgada de la nación de ISRAEL, ofreciéndole un nuevo Matrimonio/Pacto. Por eso se dice en Jeremías 3:14 “…yo soy vuestro esposo y os tomaré…y os introduciré en Sión”, dirigiéndose a la “casa de Israel(Efraín)” desterrada. De ella -que hoy ocupa toda la tierra-  un remanente se convirtió en los siglos de la gracia y aun se esta convirtiendo en Novia para celebrar un nuevo Matrimonio con Él -esto son las bodas celestiales del Cordero- y así retornar a la Sión en Gloria venidera.

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Leamos las instrucciones de Jesús/Yeshua a “los doce”:


“A estos doce envió Jesús,
y les dio instrucciones diciendo:
‘Por camino de gentiles no vayáis,
y en ciudad de samaritanos no entréis,
sino id antes a las ovejas perdidas
de la casa de Israel’
Y yendo, predicad, diciendo:
“El reino de los cielos se ha acercado”.
Mateo 10:5-7


Y recordemos el primer concilio de la iglesia naciente, en Jerusalem, en donde se habló de la predicación del evangelio a las naciones gentiles. Allí Jacobo citando a Amos 9: 11-12 dijo:


“Después de esto volveré y reedificaré
el tabernáculo de David, que está caído;
y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar…
y todos los gentiles sobre los cuales
es invocado mi nombre, dice el Señor,
que hace conocer todo esto
desde tiempos antiguos”
Hechos 15:16 -18


Se nos ha dicho que el evangelio fue predicado a los gentiles -los pueblos ajenos a ISRAEL- pero en verdad el único apóstol enviado a los gentiles fue Pablo, que fue elegido como “instrumento escogido” para esa misión específica. Pero a “los doce”, los que anduvieron con Jesús, les correspondía la misión descripta en Isaías 49:6a: congregar las “tiendas de Jacob” (otro nombre para la “casa de Israel”) de vuelta a Sión. Es muy claro entonces que la encomienda del Maestro a “los doce” fue muy diferente de la que recibió el apóstol Pablo en el camino a Damasco. Sin embargo reconocemos solamente a este apóstol, sin duda extraordinario, casi la exclusividad de la “misión apostólica”. Esta era en sus grandes trazos una misión a la “casa de Israel(Efraín)” oculta en misterio en las naciones (o “gentilizada”), no una misión a los gentiles. Lo que aun el apóstol Pablo reconoce cuando confiesa ante el rey Agripa cual era la línea principal de la misión apostólica diseñada por el Maestro:


“Y ahora, por la esperanza de la promesa
que hizo Dios a nuestros padres
soy llamado a juicio;
promesa cuyo cumplimiento
esperan que han de alcanzar
nuestras doce tribus”
(Hechos 26:6)


Quiere decir que el apóstol Pablo tenía muy presente que había una promesa para las “doce tribus” -la promesa a la descendencia de Abraham, Isaac y Jacob- implicada en la predicación del evangelio. Y de hecho el apóstol Pablo además de predicar a los “reyes” y los “gentiles” recibió también -como “los doce – la encomienda de ir a “los hijos de Israel” (Hechos 9:15) cosa que efectivamente hizo en su viaje a Betania (ver “el apóstol Pablo en Bretania).


¿No cambia este testimonio de Pablo ante Agripa la perspectiva que tenemos del evangelio? ¿No lo incluye en un contexto que no sospechábamos?. Si los apóstoles y luego los misioneros cristianos se internaron entre los pueblos fundacionales de Europa sembrando la semilla del evangelio es porque estos eran en gran parte el recipiente de la “casa de Israel” desterrada  y un remanente de ellos, según el plan del Altísimo, debía de ser re-introducirlos en la Sión en Gloria del mundo venidero/athid lavo para volver a conformar el tabernáculo de David de doce tribus que es el Reino de los Cielos de los evangelios.


Resumiendo: el conglomerado de pueblos que componen hoy Europa proviene en su inmensa mayoría de la descendencia de Abraham, Isaac y Jacob, es decir, de la “casa de Israel” desterrada de Samaria por su apostasía en el año 722 a.C.. Es en esos pueblos y en su inmensa expansión a todo lo ancho y largo del planeta en donde debemos seguir la zaga del “pacto perpetuo” de YaHWéH con la descendencia de Abraham que analizamos en otras partes de este sitio. En el momento de hacer este pacto de YaHWéH con Abram/Abraham se profetizaba que saldrían de su descendencia “reyes” y “naciones”. Una inmensa multitud tan grande que no se podría contar, “como las estrellas del cielo y las arenas del mar”. Y con esa prole de Abraham en Europa se pobló después América -y Oceanía- mezclándose con los pueblos autóctonos y creando nuevas naciones que se sumarían a la cristiandad. Pero la descendencia del Israel desterrado también fue hacia Asia y África –en otros ramales de su migración a los “cuatro vientos” de la tierra- encontrándose así la simiente de Abraham “mezclada” con todos los pueblos, razas y lenguas, alrededor del planeta. Y hay un énfasis especial en la migración hacia occidente, por su impacto en la historia planetaria, de donde vendrían los pueblos fundacionales de Europa (Ver “¿Adonde fue Efraín?”)

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03/08/2011): en un estudio reciente de el centro de genealogía IGENEA, en Zurich, se llega a la siguiente conclusión:


“Hasta un 70% de los varones británicos y españoles y la mitad de los de Europa están emparentados con el faraón egipcio Tutankamón…”

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Esto demuestra que la “casa de Israel” es la principal componente de los pueblos fundacionales de Europa en sus numerosas vertientes y mezclas étnicas ya que Efraín y Manasés, son descendientes de Jose y de la hija de un sacerdote egipcio -cosa que a veces olvidamos- y su descendencia es la mas numerosa entre la de los hijos de Israel desterrados, especialmente en su migración occidental.


“El faraón… le dio por mujer a Asenat,  hija de Potifera,  sacerdote de On”
Génesis 41:45


Esta raíz ancestral genética egipcia que llevamos la mayoría de los pueblos que componen la cristiandad es frecuentemente olvidada. Y este estudio de IGENEA vino a recordárnoslo, lo que comprueba que los europeos son descendientes de los “hijos de Omri” -los cimerios y escitas (galos, celtas y germanos)- ya que son ellos los que llevaron a Europa las raíz genética egipcia. Curiosamente este ADN de los antiguos egipcios casi ha desaparecido del Egipto contemporáneo, ¡pero permanece en la cristiandad!. Este es el articulo:

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http://www.elmundo.es/elmundo/2011/08/01/ciencia/1312225554.html

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