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“Pero Moisés trató de apaciguar al Señor su Dios. —… ¿por qué estás tan enojado con tu propio pueblo …
!Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob. Tú mismo te comprometiste… diciendo:
“Haré que sus descendientes sean tan numerosos como las estrellas del cielo, y entregaré
a sus descendientes toda esta tierra que prometí darles, y ellos la poseerán para
siempre”. Entonces el Señor cambió de parecer…”
Éxodo 32, 11-14


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“Bendito sea el Dios y Padre
de nuestro Señor Jesucristo,
que nos bendijo con toda
bendición espiritual
en los lugares celestiales
en Cristo,


según nos escogió en él antes
de la fundación del mundo,
para que fuéramos santos
y sin mancha delante de él.


Por su amor, nos predestinó
para ser adoptados hijos suyos
por medio de Jesucristo,
según el puro afecto de
su voluntad”
(Efesios 1:3-5)

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Este pasaje nos sumerge en tan profunda Sabiduría y Amor que su sola lectura nos transporta hasta los mismísimos cielos. El Plan de Redención estaba listo desde antes que existiese la tierra, los mares y todas sus criaturas. Y desde aquellos días fuimos colocados debajo de la cobertura del Hijo que habría de venir en la plenitud de los tiempos para comprarnos con Su sangre de modo de que “fuéramos santos y sin mancha delante de Él”.


Es decir, los creyentes tenemos “toda bendición espiritual” en los cielos y el “puro afecto de su voluntad” jalando de nosotros hacia las alturas.


¡Que pequeños se hacen nuestros planes delante de tan grandiosas afirmaciones emanadas desde el mismo Trono de Dios desde antes de la fundación del mundo!

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Él nos hizo para la eternidad ¿habra algún plan mayor?

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