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“Pero Moisés trató de apaciguar al Señor su Dios. —… ¿por qué estás tan enojado con tu propio pueblo …
!Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob. Tú mismo te comprometiste… diciendo:
“Haré que sus descendientes sean tan numerosos como las estrellas del cielo, y entregaré
a sus descendientes toda esta tierra que prometí darles, y ellos la poseerán para
siempre”. Entonces el Señor cambió de parecer…”
Éxodo 32, 11-14


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“Por cuanto has guardado
la palabra de mi paciencia,
yo también te guardaré
de la hora de la prueba
que ha de venir sobre el mundo entero
para probar a los que habitan sobre la tierra”.
(Apocalipsis 3:10)


Estamos en días de tinieblas para el mundo. Aquí y allá aparecen actitudes de intolerancia y enfrentamiento contra los fundamentos de la fe cristiana. Con una tenaz insistencia la legislación del mundo occidental se alinea con el espíritu del anticristo. Y son millones al año los cristianos perseguidos o muertos en el mundo, en tanto que la mayor potencia cristiana de la historia –los EE.UU– lucha en su interior por resistir el asedio.


Pero “la hora de la prueba” será para “los que habitan la tierra”, esto es, alcanzará a todos, excepto a los que hayamos sido llamados al cielo, los que seamos Novia y escuchemos el llamado a las bodas del Cordero. “Estas son palabras verdaderas de Dios” (Apocalipsis 19:9).


Nuestro Dios promete: “también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero”, si perseveramos. Esto es un argumento firme para enfrentar la hostilidad que viene -guardar “la Palabra de su paciencia”-  sin claudicar. También se lee en Juan 12:26:


“Si alguno me sirve, sígame;
y donde yo esté,
allí también estará mi servidor.
Si alguno me sirve,
mi Padre lo honrará.”


Él nos dice “donde yo esté, allí también estará mi servidor”. Esto es, cualquiera sean las circunstancias, aquellos que sirvamos con fidelidad y entrega al REY QUE VIENE en medio de las tinieblas que ya están cubriéndolo todo -y en medio de las cuales pronto “no se podrá trabajar”- terminaremos estando con Él por toda la eternidad. Y recibiendo sus galardones, hayamos sido “siervos grandes o pequeños”. Será:


“…el tiempo de … de dar el galardón
a tus siervos … a los santos
y a los que temen tu nombre,
a los pequeños y a los grandes”.


A Él sea la gloria.


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